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Syberia 2
  • Fecha de salida: Abril de 2004
  • Desarrollador: Microïds
  • Distribuidor: Virgin Play
  • Plataforma: PlayStation 2
  • Género: Aventura Gráfica
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

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Romansbourg

El carbón

Una vez más, el tren se detiene en una estación cuando se queda sin cuerda. Kate avanza hacia la salida del vagón y, tras una charla telefónica con Óscar, el autómata maquinista, baja al andén y recibe el saludo del gerente de la estación de Romansburg, a quien se le cae una llave. A continuación se dirige a la locomotora. Junto a ella se encuentra un terminal para dar cuerda al tren. Como ya hiciera a lo largo de todas las estaciones de la primera parte del juego, Kate gira la manivela del terminal y luego tira de la palanca para recargar los resortes. A continuación habla con Óscar para comunicarle que el tren ya está listo, pero éste le dice que necesitarán algo de carbón antes de proseguir.

Kate se pone manos a la obra y se dirige a una máquina frente al tren encargada de volcar carbón. Sin embargo, al tirar de la palanca no pasa nada. Decide ir a la tienda del gerente de la estación para preguntar por ella, sin embargo el hombre le responde que tendrá que esperar a que acuda el servicio de mantenimiento dentro de unas semanas. Desesperada, Kate decide descender de la estación para averiguar por sí misma el funcionamiento del dispensador. Sin embargo, una verja cerrada frente a las escaleras impide bajar. Kate vuelve a la tienda para pedirle al Coronel que la abra, pero la llave se le cayó en el recibimiento. La abogada se dirige al dispensador de carbón y entabla conversación con la chiquilla que ve junto a la máquina, en la nieve, para pedirle la llave. Sin embargo, Malka, que así se llama la chica, le pide alguna golosina a cambio. Una vez más, Kate se mete en la tienda y, del mostrador del fondo, toma una pequeña llave. Con ella se dirige a la mesa que alberga tres expendedores de caramelos y abre el cajón de la máquina de la derecha, que está repleto de monedas. Seguidamente introduce la moneda con la figura de un ciervo en la ranura de la máquina de la izquierda y, al girar la manivela, obtiene un puñado de caramelos. De paso, con la moneda de 50 con un agujero en medio (como las desaparecidas monedas de cinco duros) obtiene las golosinas de pescado de la máquina del centro.

Con los caramelos, Kate vuelve a hablar con Malka y se los entrega. La chiquilla le hará llegar la llave mediante un globo. Con la llave, finalmente, Kate podrá abrir la verja y descender al villorrio de Romansburg. A la izquierda encuentra la base del dispensador de carbón. En una viga descansa una lata de gasolina. Está vacía, así que habrá que encontrar una forma de rellenarla. Dirigiéndose al fondo del poblado, da con una casa con una chimenea humeante. Quizá esté funcionando con gasolina... Kate decide llamar a la puerta y un hombrecillo maleducado le contesta de malas maneras que no quiere compartir su gasolina. Buscando una vía alternativa, Kate se dirige a la izquierda y, apartando un cartel, se cuela por un hueco entre las planchas de madera que hacen de vallas de la casa. Sin que la vean, se acerca a una caja en cuyo interior parece haber un animal. Como maniobra de distracción, Kate descorre el cerrojo de la caja y el bicho de dentro sale despavorido permitiendo a la abogada acercarse a la casa y coger el bidón de gasolina que está sobre una mesa, a la izquierda. Con él, sale por donde entró y se dirige al dispensador de carbón. Una vez con el depósito repostado, presiona el botón de la derecha para hacerlo funcionar y sube a la estación para tirar de la palanca y llenar el tren de carbón.

La fiebre de Hans

Sin embargo, Óscar acude a Kate alarmado porque no encuentra a Hans Voralberg en el interior del tren y el pobre hombre está febril. Decidida, la abogada baja de nuevo a buscar a su amigo. Lo encuentra en el interior del local de Cirkos, delirante. Tras un desmayo, Kate se lo lleva a la cama del tren. Está gravemente enfermo. La abogada habla con el Coronel, en busca de un médico, pero lo más parecido a un doctor son los monjes de un monasterio montaña arriba. Antes de ir hacia el monasterio, habla también con Malka, quien le cuenta que su madre murió por culpa de las estrictas reglas que los monjes del monasterio aplican a la hora de decidir a quién deben tratar. Cirkos, quien tuvo a su cargo a la chiquilla después de la muerte de su madre, le cuenta a Kate que las reglas consisten en mostrarle al Patriarca un sudario con los efluvios de la cara del enfermo para que éste determine si está muriendo o no. Además comenta que es Malka quien tiene las fichas del dispensador de sudarios situado junto al puente que lleva al monasterio. Se dirige hacia el camino que lleva al monasterio, más allá de la casa de Iván e Igor, los dos cazadores furtivos. Sin embargo, hace demasiado frío como para aventurarse montaña arriba, de manera que vuelve a la tienda de la estación y le pide al gerente algo de abrigo. El Coronel, encantado, le permitirá subir al desván del local, de donde Kate cogerá un traje polar. Para podérselo poner, se dirige a los aseos del tren, a la izquierda de la puerta de salida del vagón.

Una vez cambiada, Kate habla con Malka para que le entregue una ficha para el dispensador de sudarios (sólo podrá hacerlo si antes ha hablado con Cirkos). La niña se la entregará sin problemas y con ella abrirá el dispensador y tomará una de las piezas. Antes de subir al monasterio, Kate vuelve al tren y coloca el sudario sobre la cara de Hans. Con la prueba de la enfermedad de su amigo, la mujer se dirige hacia el monasterio. Al llegar, tira de un cordón que hace las veces de timbre. Sin embargo, el monje que custodia el ascensor de acceso al interior parece ignorarla. La abogada, en cambio, decide tomar el camino que lleva a un pequeño estanque. Allí uno de los monjes está haciendo la colada. Tras mantener una larga charla llega a dos conclusiones: que no puede entrar en el monasterio porque el acceso está prohibido para las mujeres y que al monje le encantan los cuervos blancos (esto sólo lo deduce si habla de absolutamente todo con el monje). Dispuesta a colarse en el monasterio como sea, se dirige de nuevo a la tienda del Coronel y le pide reclamos de aves, silbatos. El hombre le entrega tres. Con ellos, Kate se recorre una vez más la caminata hasta el estanque del monasterio y le entrega al monje el silbato plateado. El rechoncho monje quedará extasiado y se irá a buscar a su querido cuervo blanco, de manera que la abogada puede tomar un hábito y ponérselo sin ser vista. Con su nuevo aspecto, ahora sí que consigue acceder al interior del monasterio cuando llama al timbre.

Una vez dentro, se dirige a la capilla del monasterio, a la izquierda. Tras unas cortinas, aparece el Patriarca, alarmado por la presencia femenina. Tras tratar de convencer al hombre, finalmente Kate consigue mostrarle el sudario y hacer que los monjes se hagan cargo de Hans.

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Guía cedida por Minotauro (http://www.laberintominotauro.tk/).
Última Revisión 26 de junio de 2004.