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Simon the Sorcerer 2
  • Fecha de salida: 1995
  • Desarrollador: Adventuresoft
  • Distribuidor: Adventuresoft
  • Plataforma: PC
  • Género: Aventura Gráfica
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

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El Dinero

En fin, necesitaba cien dólares lo más pronto posible. Una idea me llevó, a la calle de los comerciantes. Nada más llegar, me agencié un póster. Cerca, un herrero tenía ciertos problemas con el cambio de moneda. Le ayudé y, en vez de darme algo de dinero, me entregó una sucia palanca. Marché a los muelles para darle el póster, recordando lo de la música, a Um Bongo, el cual se marchó corriendo a la plaza del pueblo. Antes de irme, decidí echarle una mano a Ricitos de Oro, abriéndole la caja con la palanca. Me sorprendió bastante cuando se quitó la peluca, tirándola al suelo junto con una goma. Bueno, ella ya era libre y yo cogí los objetos que vi que no iba a necesitar. Pensé que quizás los Tres Ositos me darían algo de dinero por la cabeza de Ricitos de Oro, al fin y al cabo tenía su peluca para demostrarlo. Sin embargo, cuando llegué, los Tres Ositos, que poseían un sistema de seguridad impresionante, no estaban. Antes de largarme, les pude robar una carta.

¡Ya lo tenía! La ciudad tenía una casa de préstamos. Quizás ellos me podrían extender un cheque o algo así. Fui rápido hacia allí, encontrándome en la puerta a un bufón triste porque sus chistes no tenían grafica. Me daba tanta pena que casi suelto una lágrima... al oír sus malos chistes. Entré raudo esquivando los intentos de hacerme gracia del bufón, y hablé con la secretaria, la cual me dejó entrar tras superar un test. Dentro, hablé con el prestamista de sus "opciones", las cuales no iba a cumplir porque ni siquiera iba a estar en esta dimensión. Cuando comenzó a buscar los papeles, me deshice de la carta de los Tres Ositos, poniéndola en una repisa. Tampoco esta vez hubo suerte, pues el prestamista no tenía los papeles necesarios y, sin ellos, no podía hacerme el préstamo. Afuera, rabiando y a punto de golpear al bufón, abrí la alcantarilla pues no podía pasar al otro extremo de la ciudad. Una araña enorme me impidió el paso, así que me marché raúdo de allí. Recordé la oferta de los Tres Ositos que antes había planeado, así que fui a ver si estaban en casa. Cuando llegué, las puertas de su casa estaban tiradas. No sabía muy bien lo que había pasado, pero creo que no pagaban sus recibos. En todo caso, entré, como quien dice, hasta la cocina, enfrente de un ordenador. Cogí unos guantes de goma y, en ese momento, los Tres Ositos llegaron a casa. Pensé en todas las maravillosas cosas que te puedo hacer un oso enojado, y por ello me escondí en la chimenea. Tuve tan mala suerte que ellos, después del cabreo monumental de Papá Oso al ver su casa hecha un cisco, encendieron la chimenea. Pegué tal salto que salí volando hasta la fuente donde lavaban unas mujeres. Algo enfadado, les eché el tinte en la fuente y volví donde los Tres Ositos. Allí, tuve una discusión con Papá Oso, al que le enseñé la peluca. En vez de recompensarme con los malditos cien dólares, Mamá Osa me dio una especie de estofado asqueroso.

Perdiendo un poco la esperanza de encontrar cien dólares por el suelo, llegué hasta la tienda de tatuajes. Sin embargo, estaba cerrada, así que decidí ver lo que había encima. Tirando de la escalerilla, arriba me encontré con una convención de locos. Intenté hablar con todos, hasta que uno me entregó una libreta. No sabía muy bien que hacer con ella, así que escribí todo lo que tenía que decirle en ella. Para mi sorpresa, el tipo comenzó a hablar y a contarme que si ingresaba me darían cien dólares. ¡Increíble! Además, me dio un folleto. Pensé y pensé y pensé... mas no se me ocurría como volverme loco. Decidido a hacer lo que fuera, me tiré encima el estofado y escribí, hablé al tipo. Al parecer, conseguí ingresar y, además de la pasta, me dieron una bolsa de basura, una cuña y una cuerda, posiblemente para acabar con mi vida de loco. Me limpié mágicamente y me fui al castillo corriendo. Le entregué los cien dólares a los guardias y pude llegar a la puerta. Cuando el tipo me dijo que no me dejaría entrar, pensé en las palabras de un aprendiz de pirata al salir de su primera clase de entrenamiento con espada "Creo que me han timado".

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Solución realizada por SkaZZ el 15 de noviembre para Zonadictos. Es que me aburría, así que me puse a jugar al Simon the Sorcerer 2 con voces y aquí estoy, haciendo esta guía. Cosas de la vida, ¿no?