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Broken Sword: La Leyenda de los Templarios
  • Fecha de salida: 1996
  • Desarrollador: Revolution Software LTD
  • Distribuidor: Virgin Interactive Entertainment
  • Plataforma: PC
  • Género: Aventura Gráfica
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

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Artefactos Templarios

Comprobé la caja de plástico de la pared había quedado al descubierto y la manipulé. Entré de nuevo en la taberna y, tras hablar con un tipo algo constipado, él me contó el secreto del fantasma de Lochmar y, de paso, le quité el alambre cuando éste lo dejó sobre la mesa. Hablé con el camarero, al que pedí otra cerveza. Parecía que ya sabía para que servía el interruptor de fuera. Le enseñé la tarjeta de Moerlin y me hice pasar por electricista. Como prueba, me mandó arreglar su lavaplatos. Lo desenchufe y lo arreglé con el alambre que tenía. Cuando el camarero lo comprobó, me permitió bajar al sótano.

El olor a cerveza me inundaba la cabeza, pero no me conmocionó lo suficiente para que yo no activara la palanca que se veía. Fui a la calle y abrí la rejilla, fue justo cuando recibí un gran susto de parte de Khan. Habló conmigo y, con la suerte de que McGuire estuviera callado, se fue. Allí encontré el paquete de Fitzgerald, el cual abrí descubriendo la gema del trípode que aparece en el manuscrito. También recogí la linterna, por si luego me hacía falta. Por el sendero desde la taberna, se llegaba al castillo, donde convencí al tipo que lo guardaba, que resultó ser el primo de Fitzgerald, de que fuera a buscarlo. Cuando se fue, subí por la paja y, arriba, enganché la palanca en un saliente. Pude saltar la valla y, cuando me disponía a bajar, la cabra e tiró al suelo. Rápidamente me fui al otro lado y coloqué el arado para que la cabra se quedará sujeta de una vez. Por fin, bajé abajo.

Abajo intenté recoger una estatua, pero era demasiado pesado y se me cayó. Volvía levantarla y ponerla en su sitio, y me fijé que en el suelo había dejado unos agujeros. Recogí un poco de yeso de un saco de por allí y lo eché en el agujero. Regresé a la bodega de la taberna, al sótano, donde empapé el tapete y volví a la capilla rápido, porque el tapete corría el riesgo de secarse. Una vez allí, eché agua sobre el yeso, haciendo un molde en escayola que cogí. Lo inserté en un lugar con muchos agujeritos, iguales a los de la espalda de la estatua. Con el molde insertado, se abrió un pasadizo secreto hacia un subterráneo.

En el subterráneo había un dibujo sobre un Caballero Templario ahorcado, en un lugar llamado Montfauéon. Regresé a París, a la casa de Nico, donde le enseñé la gema y, después, hablamos sobre Jacques Marquet. Visité de nuevo el Museo Crune y, esta vez, estaba allí André Lobineau, del cual hablé sobre el rey Philippe (Felipe el Hermoso), y sobre Montfauéon. Después también hablamos sobre el manuscrito de los Templarios y de Nico. En la comisaría de policía entablé conversación con Moué y Rosso, hasta encontrar el paradero de Marquet, el cual era el Hospital HagenMeyer. También hablé con Rosso sobre Marquet y los Templarios.

Entré en la clínica. Tras una charla breve con la recepcionista, ésta no me dio el número de la habitación de Marquet. Le mostré la tarjeta de Moerlin y ella me dio el número de la habitación. Tras interrogarla un poco sobre el ala donde estaba Moerlin y sobre la enfermera Grendel, me dirigí a ala donde estaba Marquet. En el camino, tropecé con un empleado con una bonita abrillantadora. Hablé con él para que me dijera a donde ir a ala donde estaba Marquet, y sobre la enfermera Grendel. En el otro lado, desenchufe su abrillantadora y, cuando volvió para enchufarla abrí el armario y cogí una bata blanca que me puse. Fui derecho a la habitación de Marquet. Al llegar, la enfermera Grendel me dio un aparato para medir la tensión. Tras pasar revista a los enfermos por orden de Grendel, intenté, sin éxito, acercarme a la habitación de Marquet cuando, de repente, un enfermo me pidió que le midiera la tensión. Yo no era médico, por lo que busqué a uno de verdad en el hall. El jefe del Hospital, tras intentar hablar con él y tras verme vestido de médico, me confundió con un médico que ayudaba a los más jóvenes, así que me dio la tutela de Benoir, su sobrino. Benoir me siguió hasta el ala donde estaba Marquet, y le pedí que tomará la tensión al dichoso paciente que no me dejaba en paz.

El guardia me dejó pasar sin problemas tras hablar un rato con él. Entré en la habitación y hablé con Marquet de todo lo que pude, hasta que el médico de Marquet me echó a patadas. Benoir me devolvió el aparato para medir la tensión. Todo saltó en sorpresa cuando, en unos momentos, la alarma de Marquet sonó. Fue tarde cuando pudimos entrar y Marquet ya había sido asesinado por el falso médico. Volví a casa de Nico y hablé con ella de Marquet, de la secta de asesinos Hashashasin, de las investigaciones y de la preparación del robo del trípode del Museo Crune. Decidí, pues, actuar y me fui al Museo Crune enseguida. No logré convencer a André, pero me preparé un plan de acción rápido. Lo primero era distraer al guardia para encontrar un escondrijo donde esperar a los ladrones, así que abrí la ventanilla mediante un mecanismo, pero sólo cuando el guardia estaba de espaldas. Luego, cuando éste acudió a cerrarla por el olor, me encerré dentro del sarcófago. Esperé hasta la noche, donde empezó toda la acción.

Cuando los dos ladrones, que eran los gorilas del Hotel Ubu, fueron a robar el trípode, salí del sarcófago y empujé el tótem hasta que cayó en la vitrina e hizo sonar la alarma. Me di un golpe y no recordaba nada más. Pero cuando fui a ver a Nico, ésta poseía el trípode que, por cierto, me dio enseguida. También me habló del boceto de André, sobre el blasón del manuscrito. Visité a André en el Museo Crune, quien me comunicó el robo del trípode y la residencia de la familia que tenía el blasón mencionado. Él me comunicó que el blasón pertenecía a una familia que vivía en España, los Vasconcellos. Al llegar a la finca de los Vasconcellos, el mayordomo, de nombre López, no se mostró muy comunicativo y no me permitió el acceso al recinto.

Con esta nueva situación, bloqueé su manguera con el aparato para medir la tensión. Entré y fui a la puerta del fondo, donde llamé la atención de los perros. Rápidamente me escondí en la armadura, para engañar y ocultarme del sagaz y locuaz López. Ya pude subir por las escaleras hasta la habitación de la Condesa, la cual había perdido energía y tiempo. Todo por culpa de una supuesta maldición. La convencí para visitar juntos la parte más antigua e inalterable de la finca, el mausoleo familiar de los Vasconcellos. Dentro del mausoleo, retiré la Biblia. Interrogué a la Condesa sobre los Templarios, sus antepasados y sobre el ajedrez, hasta que ordenó a López traer el tablero. Cambié las piezas de posición , hasta que descubrí el escondite del cáliz de los Vasconcellos, perdido en tiempos remotos cuando la Inquisición vino y, supuestamente se lo llevó. Aún había que resolver otro misterio porque, si el mayordomo había escondido el cáliz cuando vino la Inquisición, también habría escondido a los niños y... ¿dónde estaban los niños?

Regresé a París, Francia, y tras comunicar a Nico mi gran hallazgo, pensé en ir a Montfauéon. Montfauéon fue el lugar donde montones de Templarios fueron ahorcados, y donde se cometieron actos terribles contra los mismos. Vamos, mi lugar preferido de vacaciones. Una vez llegado allí, hablé con el guardia y con el malabarista, e intenté imitarle. Quedé... cómo se dice... penoso. Volví a hablar con el guardia hasta que este me comentó que, si me ponía la nariz de payaso y hacía los juegos quedaría bien. Hablé de nuevo con el malabarista y funcionó, consiguiendo el aplauso del público; y una pelota del malabarista, el cual se marchó furioso y enfadado. El guardia, aburrido, también se marchó.

Fue el momento oportuno para abrir la alcantarilla, haciendo uso de mi querida y afamada palanca. Abajo, junto a la barco, había tres arcos con inscripciones. Usé la palanca con cada uno hasta descubrir uno hueco, al que le hice un agujero. Lo abrí un poco. Solté el gancho de la barco girando el volante de la barca, y enganché el gancho al arco en cuestión. Giré el volante hasta que se destrozó la puerta. Por una grieta, se podía ver y escuchar a un grupo de locos, los cuales se creían antepasados de los Templarios y que, en mi opinión, no eran más que un grupo fascista megalómano que intentaba dominar al mundo. Entre ellos estaban, como novedad destacable, el premio Nobel y el falso médico que asesinó a Marquet. Vi y escuché hasta que estos se marcharon, momento en que bajé al círculo secreto bajando unas escaleras. Allí, descubrí tres muescas en la piedra central, ideales para colocar el trípode. Lo hice así y, encima, la gema. La luz se reflectó en la gema y ésta indicó unas letras determinadas que, al juntarlas, daban la palabra MARIB.

Hice una breve visita a Nico, y me lancé en la búsqueda de la espada templaria Baphomet en Marib, una población siria, de lo cual hablaron los locos de Montfauéon. En Marib, entablé conversación con el vendedor de pinchos morunos, que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando; con Nejo, un chico avispado y que dominaba mi lengua y otra tres más; y con el matrimonio americano, del que el marido estaba algo ido de la olla. Por allí cerca había un vendedor de alfombras, al que mostré la caja de cerillas y me dejó pasar al Club Alamut. Allí arriba, tras intentar una conversación absurda con el dueño, que no tenía lengua, tuve que hablar con Ultar. Le mostré la foto de Khan, la cual pareció reconocer y dijo que me llevaría al lugar donde había llevado a Khan, sólo por la miserable cifra de 50 dólares americanos de curso legal puro y duro.

Me dio un sopetón y, al intentar entrar en el servicio, había un letrero que, preguntando a Ultar decía que no se podía pasar por la pérdida de la escobilla del dueño. Bajé a la ciudad. Al parecer, quien tenía la escobilla del dueño del Club Alamut, era el vendedor de pinchos morunos. Tras negociar con Nejo, entregándole la pelota de malabarista que llevaba, éste me ayudó diciendo unas palabras al vendedor de pinchos morunos. Tras esquivar su cuchillo sangriento, y preguntar a Ultar sobre la palabras de Nejo, volví a retorcerle el pescuezo a éste. Como compensación me entregó la escobilla. Fui derecho al Club Alamut y le entregué la escobilla al dueño, que me entregó las llaves y entré. Abrí el armario de la toallas llevándomela y, en el servicio cogí la cadena.

Volví donde Nejo, donde tuve que tocar al gatito y hacer sonar al timbre. Salió el padre de Nejo al que rebotó la pelota, que distrajo al gato y tiró la estatua (¿Las pastillas del Dr. Andreu?). La recogí y, con el pañuelo lleno de maquillaje la unté. Tras esto, hablé con Pearl y luego con su marido, a quien conseguí vendérsela por 50 dólares. Se lo di a Ultar, pero el camión tuvo una avería. Le di la toalla, que solucionó el problema y nos dirigimos rectos hasta Bull’s Head.

Una vez allí, cogí una rama de un árbol y la uní a mi resto de toalla, consiguiendo un improvisado gancho, que me ayudó a descender un pequeño trecho. Abajo, me fijé en un agujero donde, no haciendo caso a mi subconsciente, metí la mano. Me encontré una argolla, de la que tiré, descubriendo un pasadizo secreto. Pero cuando me metí en ella, tras descubrir el cadáver de Klausner, quedé atrapado. Allí dentro, observé detenidamente la estatua con tres caras, registré a Klausner, y encontré una lente; y, por último, examiné un mapa. En ese momento, se oyó la puerta abriéndose, por donde apareció Khan, con una pistola reglamentaria . Me sacó fuera de la cueva y tuve que conversar con él: admití que Klausner estaba muerto, mentí sobre la lente aunque no sobre lo escrito en el mapa. Elegí morir como un hombre y, usando mi aparato de descargas eléctricas sobre Khan, éste quedó aturdido. Salté al camión de Khan y me fui a toda prisa.

Regresé de nuevo a casa de Nico, que ya me sonaba familiar. Hablé con ella y volví a Montfauéon, concretamente a la iglesia. Allí estaba el capellán, pero antes de hablar con él miré por el manuscrito de la estatua más bella, la central. Después hablé con el capellán del cáliz, el cual amablemente se lo quedó para limpiarlo; de la lente y de las vidrieras. Coloqué la lente en el pergamino y miré por él. ¡La vidriera había cambiado! Ahora se veía a un Caballero Templario en la hoguera y una fecha: 1314. Volví a hablar con el capellán, que terminó de limpiar el cáliz y me lo devolvió. Según me comenta, el blasón l vio en una de las tumbas de la iglesia. La localicé, pues no fue difícil. Allí estaba el antepasado de la condesa. Leí las inscripciones del cáliz y, tras meditarlo un poco, llegué a la conclusión de que el cáliz, al igual que el resto de objetos que había recogido, la gema, el trípode y la lente; debía de tener algún objetivo.

Volví al Museo Crune donde hablé con André y me explicó la cita en latín que encontré en Bull’s Head, en Marib. También me comentó que la estatua de los tres rostros era el demonio Baphomet, con el que la Inquisición culpó a los Templarios. Parece que en París se ha encontrado una estatua de ese demonio, en el Instituto Hermético de Nerval. Llegué allí deprisa y me puse a hablar con el obrero, que parecía “cansado”. Descendí por las escaleras al sótano, donde tenían lugar las excavaciones, pero había un guardia que, por supuesto, no me dejaría entrar. Así fue, no me dejó. Tras hablar con él, me enteré de que tenía las llaves del lavabo y de la puerta en el mismo llavero. Pedí las del lavabo y entré en él. Dentro, cogí la pastilla del jabón e hice un molde con la llave. Metí dentro yeso y lo mojé para tener un molde casi igual, salvo porque que, al tacto, el guardia se daría cuenta.

Tras intentar usar el bote de pintura del obrero, éste no me dejó, así que llamé a Nico para distraer al obrero. Le avisé de su llamada al obrero “trabajador” y me dejó solo con un bote de pintura. Mojé la llave. Bajé y, tras hablar del calor que hace en el sótano con el guardia, manipulé el termostato y el guardia se puso los guantes. Le volví a pedir las llaves, y le di el cambiazo en el lavabo. Llamé de nuevo a Nico que los distrajo, al guardia y al obrero, por partida doble, bastante bien. Bajé a la excavación abriendo la puerta con mi llave, y tras examinar la estatua de Baphomet y el mosaico, coloqué el cáliz sobre el mosaico. Así descubrí una iglesia con una torre cuadrada reflejada en el cáliz.

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Otra solución del mítico hombre de Valinor llamado Fa... es decir, del mítico hombre de MundoDisco, llamado SkaZZ o Rincewind para los colegas del IRC. Documento redactado el 2 de febrero de 1997, y no mejorado hasta el momento.
Versión HTML el 31 de enero del 2000.