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Broken Sword: La Leyenda de los Templarios
  • Fecha de salida: 1996
  • Desarrollador: Revolution Software LTD
  • Distribuidor: Virgin Interactive Entertainment
  • Plataforma: PC
  • Género: Aventura Gráfica
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

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Los Asesinatos

Tras reanimarme y observar todos los destrozos, fui rápidamente a seguir al payaso hacia la arcada, por donde había huido. Tras meditar las distintas huidas del payaso y comprobarlas, es decir, examinar la tubería, los cubos de basura y la alcantarilla, me decline por esta última. Pero aún así, no había manera de levantarla, por lo menos con mis manos. Volví al café y, en el suelo justo a un poste de luz, había un periódico que recogí cuidadosamente. Después, decidí entrar en el café para ver los daños producidos. Una vez dentro, atendí a la camarera y, cuando parecía estar mejor, conversé con ella. No le mentí sobre ser doctor, pues yo no lo era y no quería que pasase nada. Tampoco le di ni gota de brandy, podía ponerse peor de lo que ya estaba. Tras hablar con ella sobre el hombre mayor y el payaso, observé el cadáver. Francamente, estaba muerto. No llevaba nada de valor, así que deduje que todo lo importante que él tendría estaría en la cartera que se llevó el payaso.

Salí del café hacia donde estaba un obrero, que tendría teléfono y así llamaría a la policía. Pero ellos se adelantaron a mí. Tras una equivocación y una discusión, me llevaron al café donde hablé con el inspector Rosso. Tuve una charla larga y respondí con toda seriedad, calma y verdaderamente a todas sus preguntas. El guardia Moué corroboró todo tras haber hablado con la camarera. Me dejaron libre, por el momento, y, antes de irme, el inspector Rosso me entregó su tarjeta. A la salida, había una fotógrafa con la cual hablé. Se llamaba Nico, y quién habría pensado que nos convertiríamos en colegas y correríamos tantas aventuras. Al parecer, al preguntarle por el cadáver, ella lo conocía. Se llamaba Plantard, y había quedado citado con él en el café. Insistí en el tema del payaso asesino, y ella me entregó su tarjeta con su número de teléfono. Parecía que la cosa se animaba, aunque no me hacía muchas ilusiones.

Ya era hora de visitar al obrero. Después de hablar con él un rato, le entregué el periódico. Aceptó a regañadientes y me dejó al cuidado de su trabajo. Registrando su caja de herramientas, cogí la palanca para abrir alcantarillas. Volví a la arcada, donde usé la palanca en la alcantarilla abriéndola finalmente. En las alcantarillas, encontré la nariz roja del payaso y un pañuelo lleno de maquillaje. Seguí hasta encontrar una salida. Cuando subí a la superficie, me encontré con un sujeto que, como no me creía ni me contestaba a mis preguntas, tuve que mostrarle la tarjeta del inspector Rosso. Por fin accedió y le pregunté sobre todo, de lo cual recibí la información que necesitaba: el tipo había huido dejándose una chaqueta. Preguntando por la chaqueta, me dio el teléfono del sastre que hizo la chaqueta, un tal Todryk. Volví donde trabajaba el obrero, y llamé por teléfono a Nico. Me dio su dirección, Rue Jarry, y me dijo que fuera a visitarla.

Llegué a la Rue Jarry, donde entablé conversación con la florista. Hablando con ella, y sin conseguir ninguna de las flores, me comentó la manera de abrir la puerta donde vivía Nico. También hablé sobre Nico, pues me empezaba a gustar tenerla como compañera. Subí hasta el piso de Nico, donde hablé con ella sobre la nariz del payaso y el pañuelo sucio para, al final, obtener una foto del payaso asesino. Hablé con ella más sobre el payaso y Plantard, y así obtuve la dirección de la tienda de disfraces.

Me dirigí a la tienda de disfraces y, hablando con el tendero sobre la nariz del payaso, la fotografía y el pañuelo sucio, me dio más información: el disfraz de payaso había sido adquirido junto a otro disfraz de duende, todo por un tipo llamado Khan. Antes de salir, el dueño de la tienda me entregó, tras hacerme una broma bastante pesada, un artículo de broma llamado Shake’n Shock. Me dispuse a llamar a Todryk, y le presioné hasta recibir la dirección de Khan: el Hotel Ubu. Allí es donde fui, e intenté razonar con el recepcionista y, aunque reconoció al tipo de la foto, me indicó que nadie estaba registrado en el hotel bajo el nombre de Khan en la habitación de ese tipo, la veinte. Una mirada al registro me indicó que el tipo se hacía llamar Moerlin.

En el hall del hotel, encontré al premio Nobel que mencionaba el periódico. Hablé con él y, tras una presión forzada, me habló de Khan. Después, hablé con la pianista, una aristócrata de clase alta, que me dijo que, tras mostrare la foto, Khan y Moerlin eran la misma persona. Tras otro rato de charla, me dijo que Moerlin (o Khan) había entregado un objeto de valor al empleado, el cual lo guardaba en la caja fuerte. Ella, tras otro gran rato de charla, se implicó en el asunto ayudándome a conseguir, tras despistar al recepcionista, la llave de una habitación. Subí a las habitaciones y, tras comprobar cual era la habitación de Khan, intenté encajar las llaves en su cerradura. Cual sorpresa fue la mía que resultó que las llaves eran de la habitación contigua. Al final entré en esa habitación y, tras un registro pleno, no encontré nada. Abrí la ventana y me deslicé por ella hasta la habitación contigua, que era la de Khan. Registré la habitación de Khan y la cartera. Mi sorpresa fue mayúscula porque, al abrir la puerta y salir de la habitación, vi a Khan que se acercaba a su habitación. Me escondí rápidamente en el armario. Gracias al cielo, el asesino no me descubrió en su habitación y pude salir por mi propio pie. Le registré los pantalones, descubriendo en ellos una tarjeta de electricista y una caja de cerillas del Club Alamut. Bajé y, cuando le mostré la tarjeta de Khan o Moerlin al recepcionista, éste no me dio lo que Khan había guardado en la caja fuerte del hotel. Tuve que convencer a la condesa, la cual disfrutaba mucho de todo esto, de que me ayudará. Así lo hizo y, presionando y convenciendo al recepcionista, conseguimos el secreto escondido en la caja fuerte: un manuscrito de los Templarios.

Sabía que fuera me estarían esperando esos dos gorilas que, por supuesto, me matarían si me encontraban encima el manuscrito. Así pues, fui a la habitación de antes y entré por la ventana; después tiré el manuscrito a la calle, en la parte trasera del hotel. Salí y, después de que los dos gorilas me registraran y no encontraran nada, me deslicé hacia la parte trasera del Hotel Ubu, donde encontré el manuscrito que tiré por la ventana. Volví a casa de Nico, le enseñé la caja de cerillas, y hablamos sobre la cartera y el manuscrito, que tenían relación con los Caballeros Templarios. Tras la breve charla con mi colega, ésta me indicó la dirección de una persona que nos podría ayudar: el Museo Crune para hablar con André Lobineau.

Visité el museo tras salir de casa de Nico, pero André no estaba y en su lugar había un guardia. Tras echar un vistazo la las vitrinas, me fijé en la que tenía un trípode, el cual aparecía en el manuscrito. Tras averiguar la historia del trípode y darme cuenta que la alarma estaba conectada siempre, volví a casa de Nico. En su casa, hablamos sobre el manuscrito, en especial sobre el trípode y sobre un hombre que dirigía una excavación y que lo descubrió: Nigel Peagram. Antes de irme a Irlanda en busca de más pistas, visité la comisaría de policía y hablé con el guardia Mouè y con el inspector Rosso, los cuales no me dijeron nada nuevo.

Una vez llegados a Irlanda, entablé conversación con un chico de la entrada, que se llamaba McGuire. Hablamos del castillo, de un fantasma y sobre Peagram, que al parecer había salido del pueblo. También me contó del tipo que ayudó a Peagram en sus excavaciones, un chico del pueblo llamado Fitzgerald. Entré en la taberna, donde había un ambiente exquisito. Allí estaba Fitzgerald, el cual no parecía colaborar. Hablé con el tabernero, le pedí una cerveza y me la tomé entera. Cerca de la barra había un tipo llamado Doyle, quien me pudo hablar algo más sobre Fitzgerald. Le invité a una cerveza y me fijé en un tapete curioso, que le birle en cuanto éste levantó el brazo. Volví a hablar con Fitzgerald sobre la excavación, salí para confirmarlo todo con McGuire, el cual sabía bastante de todas las personas del lugar. Entré de nuevo y volví a hablar con Fitzgerald de todo: del castillo, de la excavación, la capilla escondida, de Peagram, de un paquete y de un tal Marquet. Fitzgerald no lo soportó más y salió corriendo de la taberna. Al cabo de un rato, tras un sonido algo confuso, entró McGuire diciendo que alguien había atropellado a Fitzgerald. Salí fuera para confirmarlo y me contó que salió del coche un... duende. ¡Vaya, Khan se me había vuelto a adelantar!

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Otra solución del mítico hombre de Valinor llamado Fa... es decir, del mítico hombre de MundoDisco, llamado SkaZZ o Rincewind para los colegas del IRC. Documento redactado el 2 de febrero de 1997, y no mejorado hasta el momento.
Versión HTML el 31 de enero del 2000.