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Análisis de Call of Duty 4: Modern Warfare para PC - Ludoskopos
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Redactado por SodLogan el domingo, 13 de enero de 2008

Call of Duty 4: Modern Warfare
  • Fecha de salida: Noviembre de 2007
  • Desarrollador: Activision
  • Distribuidor: Activision
  • Plataforma: PC
  • Género: First Person Shooter
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

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Tras varios títulos centrándose en la Segunda Guerra Mundial, la serie Call of Duty, quizás temiendo caer en la abusiva repetición, deja de lado el ya trillado conflicto para meterse de lleno en una ficticia contienda actual entre Oriente y Occidente.

Esto significa, claro, que por primera vez en la saga manejaremos armas modernas y utilizaremos artilugios avanzados, como gafas de visión nocturna. Sin embargo, eso no significa que la jugabilidad característica se vea especialmente alterada, más bien lo contrario. Todo aquél que estuviera familiarizado con los anteriores Call of Duty se sentirá como en casa nada más hacerse con el control, pese a que ahora algunas armas tengan mira láser, usemos un cuchillo en vez de la culata, lancemos misiles teledirigidos o los rifles de francotirador sean automáticos. Incluso lucharemos junto a un capitán Price, físicamente clavado al de los juegos previos.

La mecánica de juego sigue siendo exactamente la misma, así como la inmensa mayoría de los controles. En ambas campañas, británica y estadounidense (en esta ocasión no controlaremos a los rusos, aunque sí recibiremos ayuda de una de sus facciones y nos enfrentaremos a la otra), encarnaremos a un sargento que habrá de seguir las órdenes de su superior, además de trabajar en equipo con el resto de sus compañeros para no acabar hecho pedazos. De esta manera, seremos "un soldado más del grupo", como siempre, pero al mismo tiempo uno de especial confianza, lo que lleva a que el capitán de turno nos confíe habitualmente tareas delicadas que vayan surgiendo para hacer el juego más interesante y variado. En este sentido, la experiencia será incluso más inmersiva y cinematográfica de lo que estamos acostumbrados.

Sí encontraremos, claro, ciertas novedades jugables. Quizás sea la más llamativa la de atravesar paredes a balazos, pues añade un nuevo matiz a las trifulcas. No significa esto, por supuesto, que las balas vayan a través de los muros como si no existieran; obviamente la cobertura sigue siendo crucial. Sin embargo, dependiendo de las características del arma que se emplee y las de la pared o parapeto en cuestión, es posible que los disparos eliminen al ingenuamente agazapado al otro lado. Así pues, se acabó eso de cubrirse tras la pata de una mesa de madera y sentirse como en un búnker; una ráfaga decente la atravesará como si estuviéramos totalmente expuestos. Además, a base de pegar tiros y lanzar granadas podremos destruir algunos elementos de los escenarios (recordemos que antes lo máximo a lo que podíamos aspirar era a dejar el suelo negro con alguna explosión).

También conviene destacar la incorporación del apoyo aéreo, que en la campaña sólo está disponible en determinados momentos. Efectivamente, podremos indicar dónde se encuentra ese tumulto enemigo que tantas dificultades nos está dando para avanzar y deleitarnos viendo cómo los bombarderos no dejan piedra sobre piedra en esa zona, o bien podremos encargar a un helicóptero que deje como un colador ese edificio repleto de tropas rivales mientras nosotros avanzamos hacia él para proceder a su captura.

Encontraremos además el esperable pulimento de las características de siempre. Especialmente agradecible es que se haya puesto fin a esa risible costumbre, muy frecuente en Call of Duty y La gran ofensiva y algo más moderada pero aún palpable en Call of Duty 2, que tenían los enemigos de recibir tres disparos en el pecho, retorcerse presuntamente agonizantes en el suelo para luego levantarse y salir corriendo cual enérgicos mancebos como si ninguno de nuestros balazos les hubiera hecho mella alguna. En Call of Duty 4 las reacciones a los disparos son mucho más realistas y creíbles, y no seremos testigos de descaradas recuperaciones milagrosas (salvo, en cierto sentido, las nuestras, ya que se mantiene el sistema de salud regenerativa de Call of Duty 2).

Por lo demás, se ha incrementado notablemente el dramatismo y la emoción en la campaña. Si bien en los anteriores títulos teníamos un hilo, una serie de explicaciones y justificaciones que iban enlazando las misiones, es en Modern Warfare donde por fin podemos hablar de argumento propiamente dicho. No sólo porque haya un verdadero objetivo final en todo momento, con unos villanos en concreto, nos encontremos multitud de giros de guión totalmente inesperados y porque el clímax deje en pañales al de muchas películas de estilo similar, sino porque el grupillo de personajes con el que trabajamos, mucho más selecto, se mantiene cercano a nosotros a lo largo de la trama, lo que nos lleva a simpatizar con ellos mucho más que con los antiguos soldados que eran sustituidos en cada misión y que no decían ni una palabra. Más de una sorpresa nos aguarda a lo largo del bastante breve pero magnífico modo para un jugador.

Sí, la campaña es corta, algo bastante habitual en la serie, tal vez un poco menos evidente en el segundo capítulo. Ofrece, no obstante, una alta rejugabilidad por lo logrado e inmersivo de todas y cada una de las misiones, además de los múltiples modos de juego (huelga decir que tendremos a nuestra disposición un modo multijugador) y dificultad.

Gráfica y sonoramente no hay mucho que decir que no se pueda esperar. Gráficos magníficos, no sólo técnica sino artísticamente. Nada de filigranas o rebuscados paripés en busca del vacuo deleite del jugador, sino sobriedad absoluta, en el mejor de los sentidos, sin pasarse de rosca gratuitamente. Optimización estupenda y un gran número de opciones de configuración para que podamos mejorar el rendimiento de varias maneras. La banda sonora, más cinematográfica que nunca, los efectos de sonido, impactantes y envolventes, y el doblaje, destacablemente brillante en su versión original inglesa, ponen el perfecto lazo a todo lo anterior.

CONCLUSIÓN

Call of Duty 4: Modern Warfare no es ninguna revolución total sino la potenciación absoluta de un concepto de juego que, sin duda, ofrece magníficos resultados. El giro de tuerca de la ambientación (de la Segunda Guerra Mundial a una guerra actual) ayuda, junto a los interesantes cambios jugables y narrativos, a refrescar la serie y a evitar el saturamiento. El resultado es un FPS imprescindible.