En Busca del Testamento
Cuando intenté entrar en la taberna, unos mosqueteros muy cretinos no me dejaron, así que tuve que idear un plan: tiré el melón al río y, con ayuda de Henri, los mosqueteros intentaron rescatarlo creyendo que era una persona, momento que aproveché para entrar en la taberna. Junto a la chimenea, había un tipo que era muy dichoso en esto del amor, el cual se llamaba Alejandro Dumas. Necesitaba su ayuda con Juliette, así que le di el pañuelo y él me dio mi poema. Al intentar salir, me di cuenta de que mi vida corría peligro, así que intenté ganarme al oficial que estaba sentado en una mesa. Llamé al tabernero y le pedí que entregara una botella de brandy al oficial sentado, un tal Rolande Oderant. Hablé con él, pues ya me había ganado su amistad y confianza, y le pedí que quitara los guardias de la puerta. Además, éste me dio una carta trucada. También me comentó que el cardenal estaría en la iglesia.
Cuando intenté salir de la taberna, el mesonero me dio una botella en agradecimiento por haber quitado a los mosqueteros de la puerta. Al salir, fui a la iglesia, cogí el crucifijo de la mesa. En ese momento, apareció el cardenal con quien entablé conversación. El cardenal Louis no me inspiraba confianza, y no me fié de sus palabras. Cuando se fue, cogí el candelabro, el cual examiné y conseguí una vela, y la tela. Ya era hora de visitar Amiens. En los establos, cogí el linimento para caballos de una estantería. En el pueblo, entré en la sastrería y arreglé una pila de sandalias a base de aguja e hilo. En compensación, el sastre me regaló unas sandalias.
Fui al monasterio, un lugar ideal donde podía haber ido el ladrón del testamento. Cogí el jabón y el hábito de monje. Se lo di a Henri junto con las sandalias y el crucifijo. Éste subió a tocar la campana, y entré por la puerta que había más al fondo. Pero el ladrón se había ido antes por la ventana. En su mochila, había una nota que examiné. Pertenecía al Cardenal, el cual estaba implicado. Su almohada parecía demasiado dura, así que la registré con mi daga y encontré el testamento. Ya lo teníamos, así que nos dirigimos de vuelta a Rouen. Pero en un cruce de caminos, cometí el error de quedarme a leer un cartel. En ese momento apareció un ladrón. Al preguntarle qué quieres, éste me contestó qué tienes, y no me quedó más remedio que darle el testamento. En un árbol de allí, vi un reloj. Tras intentarlo unas cuantas veces, me hice con él.
« El Pobre De Peuple | Los Bandidos »
Otra gran solución del gran maestro de las A. Gráficas llamado SkaZZ o Rincewind. Documento redactado el 2 de Diciembre de 1997 y no mejorado hasta hoy. Saludos a los compañeros del IRC.
Versión HTML el 24 de abril del 2000.