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The Legend of Kyrandia III: Malcolm's Revenge
  • Fecha de salida: 1994
  • Desarrollador: Westwood Studios
  • Distribuidor: Virgin Interactive
  • Plataforma: PC
  • Género: Aventura Gráfica
  • Textos: No
  • Voces: Inglés

Guía

Según recuerdo, presencie la muerte del Rey Guillermo y, por aquello, el hijo del Rey Guillermo, Brandon, me culpó del asesinato de su padre y me convirtió en una estatua de piedra. Pero tuve la suerte, un rayo me devolvió inesperadamente la vida. Intentado salir de los desperdicios, me di cuenta de que podía sacar algunos objetos necesarios. Buscando por allí, encontré un frasco vacío y dos clavos –uno aparentemente inservible por estar doblado–. Después decidí salir rápidamente hacia el pueblo de Kyrandia usando el viejo método de teletransporte.

Estaba de nuevo en los viejos edificios de Kyrandia, pero había algo en el aire que me decía que algo había cambiado. Usé el clavo doblado con el candado de la puerta de la fábrica de juguetes y me metí en ella, pues en la parte trasera estaba mi hogar. Allí conseguí mi vieja peonza, mi varita de bufón debajo de la cama y un álbum de fotos que miré no sin cierta nostalgia. Con todos estos objetos, me dirigí a la parte oeste de la ciudad hasta un barco, donde un celador no me dejaba pasar por... ¡ser yo! Ahora tenía mala fama y mi nombre estaba ensuciado, así que tenía que solucionarlo. Así pues, me fui al norte, al cementerio, donde encontré la tumba donde estaba enterrada la Reina Catalina y su marido, el Rey Guillermo. Tocando la losa un espectro me informó de que debía entregar dos flores como símbolo de cortesía si quería hablar con la reina; y me fui al oeste donde asistí a un hermoso espectáculo: un Pegaso aterrizaba sobre una superficie que se convertía en una vieja amiga, Zanthia.

Después del encuentro con Zanthia, decidí ir a verla a su casa, en el pueblo de Kyrandia; pero esta me acogió de una actitud poco amistosa y me denunció. Entonces, al usar el teletransportador, fui detenido por Herman, el alguacil, que me llevó a ver al nuevo rey, Brandon y a Kallak. Tras una rápida conversación, fui conducido a prisión. Una vez allí, tuve que seguir las instrucciones de Rowena, la carcelera, para poder salir de prisión: dejar caer la cuerda a las manos del prisionero metido en una caja, apretar el pedal, cortar el ovillo con las tijeras que había por allí e introducirlo por la ranura. Lo tenía que hacer nueve veces y, en la octava, me guardé las tijeras para salir con ellas.

Así conseguí cortar las dos flores mariposa que pululaban por allí para llevarlas a la tumba de Catalina. Tuve que usar mi lado bueno y llevarle varias veces las dos flores para obtener la información que necesitaba: para invocar al Rey Guillermo necesitaba hacer una Sesión de Espiritismo Real. Con este nuevo conocimiento, decidí dar una vuelta por la ciudad, hasta encontrarme con un mimo que, ignorando mis indicaciones, me marginaba. Un poco más al este había una carpa de un circo y una estatua de rana, que con solo tocarla me dejó pasar. Hacia el norte encontré la lechería en la que cogí seis briznas de sésamo. Llenando de agua el frasco vacío que tenía y usando cinco briznas de sésamo con el agua, conseguí que estas estuvieran verdes para arrojarlas por el sumidero. Todo esto para que las vacas acudieran a vaciar sus ubres de leche. Pero, como no podía coger la leche sin abrir la máquina, hice un agujero con el clavo normal que tenía y, con el frasco, conseguí llevarme algo de leche.

Entonces fue cuando me acordé de la ardilla del basurero a la cual, atrayéndola con la brizna de sésamo que me quedaba, hipnoticé con mi peonza para poder llevármela conmigo. Me iba a pasar por el bar cuando me di cuenta de que, como los lugareños me vieran, me denunciarían. Por esto, tuve que emplear un plan para que no me reconocieran. Rápidamente, combiné la peonza con el clavo doblado para construir un pequeño útil de pesca que, donde estaba el barco, use en el mar para conseguir dos gusanos de mar. Regresé para ver el mimo e ideé un plan para conseguir su disfraz: metiendo un gusano de mar en su capucha, él creyó que le faltaba algo de higiene personal. Usé el pequeño útil de pesca que tenía para manipular la cerradura de las duchas y, usando mi lado más malo, pude pasar a las duchas sin que el encargado me dijera nada.

Allí el encargado me dijo que no admitía más usuarios, pero manipulando los controles de temperatura de la ducha, distraje al encargado lo suficiente para conseguir las ropas del mimo. Con las ropas del mimo puestas, regresé al bar, que estaba lleno de gente pero lo vacié en un momento deshipnotizando a la ardilla. Una vez solo, hablé con el camarero para conseguir uno de los maravillosos bocadillos de crema de pescado que él vendía, pero me dijo que necesitaba tres ingredientes: un gusano de mar, un poco de crema de leche y semillas de sésamo. Rápidamente, introduje en la máquina el gusano de mar y me dirigí velozmente a la lechería, donde, haciendo lo que había hecho antes, conseguí crema de leche y la semilla de sésamo. Así conseguí el bocadillo de crema de pescado que me guardé. Luego, me dirigí a la fábrica de juguetes.

Me tiré por el agujero, donde, por la puerta del fondo, descubrí a la Voz del Destino, al que desperté dándole el bocadillo de crema de pescado. Conversé con él para saber si había alguna manera de que la gente supiera la verdad, que yo no había matado al Rey Guillermo. Después, salí de la juguetería y fui al muelle vestido con las ropas del mimo, pero el celador me pedía otro bocadillo de crema de pescado. ¡Dicho y hecho! Me pude subir a bordo hasta llegar a la Isla de los Gatos. Lo primero que advertí al llegar a la Isla de los Gatos es que, llevando la contrario a su nombre, esta especie estaba bajo el yugo de los perros que los hacían trabajar para ellos. Discretamente, conseguí hablar con uno de los gatos que tiraba de un carro y, éste, me sugirió que hablase con Fluffy, su líder, que estaba escondido en la jungla. Pero como la jungla es un lugar peligroso y yo no me sentía preparado, hablé amablemente con el perro del carro y conseguí que me transportara hasta el fuerte de los perros, donde me hice con un machete. También vi la entrada a unas ruinas, pero como el miedo puede más que la curiosidad, lo dejé para más tarde.

El perro del carro me llevó hasta otro lugar de la isla, en la parte norte, donde se encontraba el Capitán Jean Claude Barbacoe y sus fieros piratas. Pero éste no me aceptaba hasta que le mostrase algo de magia. De este modo, me encaminé a la parte sur de la isla y después al este, hasta encontrarme con Fluffy, el líder de la resistencia. Éste me informó que el Ritual de las Joyas debe realizarse para expulsar a los perros de la isla. Y como yo no sabía como hacerlo, Fluffy me hizo entrega de un ratón mágico. Regresé a la parte sur y me encaminé al oeste, donde utilicé el ratón que me había entregado Fluffy con alguna de las esferas de piedra, iniciando el mencionado ritual.

De vuelta al fuerte de los perros, me interné en la espesura de la jungla para, con ayuda del machete, conseguir algunos huesos. A las serpientes que había por medio las maté por medio del machete. Con algunos huesos en mi poder, los fui entregando uno a uno al perro guardián que, al excavar en la tierra, sacaba algunas joyas, aunque no siempre y tuve que volver a conseguir y darle huesos unas cuantas veces hasta conseguir todas la joyas. Con las seis joyas en mi poder –la amatista, el zafiro, el rubí, la esmeralda, el topacio y el diamante- decidí ir a las ruinas, pero como no había luz, tuve que cortar la rama en la jungla que no dejaba que entrase la luz solar. Una vez con luz, me fui a la sala interior donde usé el ratón mágico de Fluffy con dos propósitos: el de iluminar la estancia y saber la naturaleza de cada estatua. Tomando buena nota de ellas, regresé al altar de los gatos y usando cada piedra con el altar, supe la naturaleza de las piedras que era así:

Amatista -=- Lluvia
Zafiro -=- Tormenta
Rubí -=- Fuego
Esmeralda -=- Viento
Topacio -=- Sol
Diamante -=- Noche

Encajadas las piedras en sus respectivos lugares, obtuve otro ratón mágico de mayor fuerza. Como los perros, al haber liberado el poder los gatos, habían desaparecido, me dirigí por la jungla y siempre hacia el norte hasta llegar a la playa de los piratas. Allí, tuve que demostrar al capitán mi poder mágico, y use el ratón mágico que tenía con un marinero cercano. Así me llevaron a Kyrandia. Pero la suerte no me acompañaba y, tras regresar a Kyrandia, Herman me capturó y me desterraron de una vez por todas al Fin del Mundo.

Miré alrededor un tanto sorprendido. ¿Así que éste es el Fin del Mundo? ¡Vaya! En realidad, no tenía de qué preocuparme... pues tenía cosas en que divertirme. Tras coger el dinero que me dejaron los piratas, use mi primera moneda en la máquina que tenía a la izquierda, con lo que obtuve un certificado de seguro de vida. Lo más feliz que pude estar con este objeto, probé suerte con otra moneda en la segunda máquina para conseguir unas aletas de buzo; y después pulsé los botones rojos para conseguir unas botas de alpinista. Como quería más cosas, pero no tenía ni una moneda, tuve que ponerme las botas de alpinista y, con el calzador que me quedó manipulé la máquina hasta conseguir el paraguas.

Decidí entonces descender por la catarata, utilizando un barril que estaba a mi derecha. Así llegué a un saliente rocoso de la cascada, donde al otro lado se divisaba una entrada a una caverna. Como se me prohibía el uso del paraguas, descendí utilizando este instrumento. Abajo, había otra caverna por la cual llegué poniéndome las aletas de buzo y, con la cuerda, logré agarrarme a los anillos y pasar al otro lado. Tras disfrutar de la primera atracción, el cuerpo me pedía más. Me puse las botas de alpinista y subí hacia arriba. Allí, disfrute de otra maravillosa atracción y me quedé con ganas de más. Me cambié las botas de alpinista por las aletas de buzo y, desafiando a las leyes de la física, subí por la cascada hasta la parte superior. Arriba, por diversión (y puntos) usé el paraguas con el gancho de las rocas y pasé al otro lado; y después, usando la misma técnica, volví a donde estaba. Con las aletas de buzo puestas, subí por la cascada hasta la tercera y última atracción. Pero quién me iba a decir a mí que algo fallaría en esta atracción, y que iría a parar directamente al Limbo...

Cuando desperté, me llevé la desagradable sorpresa de tener un extraño collar al cuello y que, gracias al collar, pertenecía en cuerpo y alma a un ser con forma de pez, ¡LA REINA DEL LIMBO! Conversando con la Reina y con el sirviente, había estado dormido muchos años desde que caí de la catarata y ahora pertenecía a la Reina del Limbo. Para mantenerme a su servicio, la Reina me había colocado un collar mágico para atraerme hacia ella desde cualquier lugar. Obedeciendo a la Reina, tuve que jugar una partida de tres en raya. Vi que era más mala que el caballo del malo, pero decidí dejarla ganar y mentirla para aumentar su ego. Tras hacer esto, mantuve una conversación con el sirviente, del que descubrí que no todos estaban contentos con la Reina del Limbo y deseaban su derrocamiento; pero lo único que haría huir a la Reina sería su padre, fallecido hace mucho.

Para colmo de males, cada vez que me alejaba de ella, la caprichosa me llamaba usando el dichoso collar para jugar partidillas con ella. La dejaba ganar y luego la mentía para darla coba y que me permitiera avanzar cada vez más. Así llegué al vertedero de basuras, en el Este, donde un simpático comerciante me cambiaba llaves, calcetines y kits de fondee por dinero. Pero además conseguí dinero mintiéndole, y haciéndome pasar por un recaudador de impuestos. Así me daba dos monedas. Hablando normal con él, descubrí que mi problema se podría resolver en el Ultramundo, donde me podían quitar el collar de encima. Con las monedas, volví al Oeste y me encontré con una aburrida escuela. Usando mi varita de bufón, hice reír a los alumnos y el profesor recibió un proyectil de papel. Mientras el profesor reprendía al alumno equivocado (¡como siempre!), me apoderé de una manzana y me dirigí más al Oeste.

Allí, encontré las puertas del Ultramundo, y pague el precio del viaje (cinco monedas) y fui catapultado hasta dicho lugar. Tras hablar con la secretaria de la entrada, me enteré que para invocar al fantasma de la Reina necesitaba algo que fuera suyo, algo para poder volver atrás en el tiempo y al menos siete personas que desearan su vuelta. Con el nuevo conocimiento, y tras ser llamado por la Reina (¡dejé que ganase y la alabé!), volví a las puertas del Ultramundo, me subí en el otro tobogán. Llegué al vertedero, pero por la parte de arriba, donde tuve que encontrar un periódico viejo y no cesé hasta que lo tenía en mi poder. Con el periódico en mi poder, un kit de fondee, un poco de fango y una moneda, volví a ver a la reina y la reté a una partida de tres en raya. En medio de la partida, cuando faltaban por poner dos piezas, combiné el periódico con la moneda, formando un resultado espectacular. Como la moneda llevaba la efigie del Rey y el periódico estaba atrasado, conseguí invocar al difunto Rey y la Reina salió huyendo.

Sin perder un segundo, salí corriendo a las puertas del Ultramundo, pero el portero me pedía diez monedas, una cantidad inaceptable. Así que urdí un plan: conseguí otra manzana de la misma manera que había conseguido la que ya tenía; las mordí dos veces para conseguir unos gusanos y se lo di al pez que estaban a la derecha del Salón del Trono, rompiendo el tobogán. Me monté en él y me llevó a la antecámara del Ultramundo. Pedí amablemente al señor de la fila que me dejará pasar y, tras ser reconocido por la secretaria como el bufón de Kyrandia, me hizo pasar por fin al Ultramundo.

La recepcionista me habló amigablemente, pero me comunicó que el único problema para entrar definitivamente era que mis registros se retrasaban. Tras hablar con ella un rato, me quitó el collar y, ella se fue a atender sus asuntos. Tras hablar con algunas personas de allí, me di cuenta que el Ultramundo era el sitio con el que siempre había soñado y que no quería volver a Kyrandia. Sin embargo, la recepcionista me comunicó que había un problema con mis registros y que tendría que volver a la superficie. Tras usar los tubos de cristal y la perforadora, regresé a Kyrandia. ¡Vaya! La noche había caído en Kyrandia. Sin darme un respiro, apareció Stewart (mi lado bueno) y, segundos después, Gunther (mi lado malo) y se produjo una pequeña disputa entre ambos.

Como con Gunther no había ganado mucho, nada, me cogí a Stewart para que me orientara en las próximas aventuras que os relato. Había perdido mis opciones de ser agradable, normal y mentiroso. Ahora sería justo y honrado, lo más apropiado para demostrar mi inocencia. Algo me olía mal. Me olía a miedo. En la ciudad, fui apresado por uno de los piratas del Capitán Jean Claude Barbacue, después de lo cual fui conducido al castillo. ¡LA LECHE EN CONSERVA! Resultaba que el Capitán Jean Claude tenía dominada y prisionera a la población de Kyrandia. Con el ratón mágico que le di, el pirata había convertido en ratón a los habitantes de esa ciudad.

Tras hablar con el pirata de la pata de palo, me enteré de lo sucedido y, de paso, me convirtieron a mí también en ratón y fui conducido a prisión. Allí estaban Zanthia, el camarero del bar y un mecánico. Con ayuda de mi varita de bufón, hice reír a los tres prisioneros varias veces para que rompieran la estructura de madera y saltará un clavo. Me apoderé de él y me libré de las cadenas con el mismo. Luego, con el clavo doblado, liberé a los prisioneros. Con un gran agradecimiento, el mecánico iba a ir al bar a arreglar la máquina de bocadillos que, al parecer los piratas habían destruido.

Para salir de la mazmorra, recogí el gusano, las pepitas de sésamo y el frasco de agua, y, combinando el gusano con las pepitas, logré fertilizarlas. La mezcla la coloqué en la puerta y luego eché agua, creando una planta que destruyó la puerta. Fuera, Zanthia me entregó un trozo de queso con el que recuperé mi forma humana, y regresé al palacio para acabar con la dictadura del Capitán Jean Claude. En el castillo, y hablando con el pirata de la pata de palo, llegué a un acuerdo con los piratas: si conseguía seis joyas los piratas devolverían el reino y se largarían de allí para siempre. El único lugar donde podría encontrar las joyas sería en la Isla de los Gatos.

Regresé con Zanthia para que me enviara allí, que estaba con la Voz de la Razón. Para ello, me daría la Poción de Pegaso, pero necesitaba la esencia de caballo. Fui al vertedero donde recogí un frasco vacío. Yendo por los caminos, encontré unos maderos que recogí. En la juguetería, puse las palancas negras para que tocaran el libro con la portada de un caballo. Metí el madero en la máquina y conseguí el caballito. Me dirigí donde Zanthia y tras dejar el caballo en la redoma, metí la poción en el frasco vacío.

En la plataforma, de donde antes viera venir a Zanthia en forma de Pegaso, y me bebí la poción. Como no podía perder tiempo, recogí el machete del suelo y me interné en la jungla hasta llegar donde Fluffly. Éste me informó que los gatos seguían guerreando, esta vez contra los Gatos Gordos. Para acabar con ellos, el líder rebelde me entregó una máquina para hacer queso, que destruiría las estatuas de los Colosos. Una vez destruidos los Colosos, me apoderé de todas las piedras que cayeron de ellos. De vuelta para informar a Fluffly, le pregunté como salir de la Isla de los Gatos y éste, como agradecimiento, me entregó una lata mágica que me enviaría a donde quisiera. Volví a Kyrandia.

Tras darme cuenta de que había perdido el collar de la Reina del Limbo, fui a los desperdicios que estaban junto al castillo, donde estaba mi collar. Volví al castillo y hablé con el pirata de la pata de palo y le entregué una de las joyas. Tras acercarse para admirar la joya, le di el collar de la Reina del Limbo; quien se lo puso al cuello. Pero parece ser que, en ese momento, la Reina regresó y reclamó la atención de todos sus súbditos, con lo que el Capitán Barbacue fue enviado al Limbo. El resto de los piratas huyeron espantados.

Incapaz de hacer nada por ahora con Brandon y Kallak, me retiré a mi habitación. Iba a tumbarme cuando me di cuenta que, debajo de esta había un retrato del Rey Guillermo. Sin perder un segundo, fui a ver a la Voz del Destino quien celebraría un juicio para limpiar mi nombre. Después, puse el retrato de Guillermo en la Cabina Mágica de Marko (que hacía volver atrás en el tiempo). La Voz del Destino me dijo que debía hacer que todos los habitantes de Kyrandia se reunieran para constatar este hecho. Tras darle algo de queso a Brandon, con ayuda de la máquina de hacer queso, también di algo al camarero. Sólo un bocadillo de crema de pescado haría reunir a los habitantes de Kyrandia.

En las duchas, cambié las cosas que me pedía Herman por semillas de sésamo y, haciendo lo que hice tiempo atrás, conseguí la crema, las semillas y el gusano de mar. Entregué el bocadillo a la Voz de la Razón y puse el retrato en la cabina en el juicio, limpiando mi nombre. Tras irme un rato a descansar, me llamaron para darme una gran sorpresa...

Cuentos de Kyrandia: Libro Tercero
Malcolm, Bufón Real

Aquí tenéis la esperada solución de las manos, ¿o creíais que yo no tenía manos? del afamado genio llamado SkaZZ ó Rincewind para todos los compañeros del IRC. A todos ellos Salu2. Documento redactado el 10 de Julio de 1997 y mejorado un mes después.
Versión HTML el 1 de febrero del 2000.