De nuevo en Tarna
Una vez en la ciudad, me dirigí a la tienda de Salim y le entregué la pluma del pájaro de miel. Feliz de disponer del ingrediente que le faltaba para seguir produciendo píldoras curativas, me regaló las tres que le quedaban. A continuación, le di los tres objetos que necesitaba para hacer pociones contra los hechizos agua del estanque, la fruta de la enredadera venenosa y el Regalo del Corazón-, pero me explicó que necesitaba algunos días para estudiar la forma correcta de elaborarlas y me rogó que volviera más tarde si quería comprar algunas.
Estaba paseando por el bazar y comprando provisiones, cuando el ladrón que había conocido al principio se acercó a mí en actitud temerosa. Me dijo que necesitaba mi ayuda ya que todos los habitantes de la ciudad se negaban a hablar con él después de que el Consejo le declarara una persona sin honor, de manera que accedí a verle por la noche.
Regresé al templo de Sekhmet, donde la sacerdotisa de la gran diosa, viendo que tenía conmigo la Gema del Guardián, me ofreció un cáliz que me transportó a una dimensión desconocida donde, libre el peso de mi cuerpo, respondí a las preguntas que me hizo la diosa para conocer mi personalidad. Escogí tres objetos, contesté con sinceridad a las cuestiones y la diosa emitió su juicio. Me explicó que debía liberar la oscuridad que intentaban introducir los demonios y que para ello sería necesaria la colaboración de cinco personas pertenecientes a razas y culturas muy distintas de las que de momento sólo conocía a dos. Después de darme algunas vagas pistas sobre la naturaleza de mis aliados, el sueño se desvaneció y volví a despertar en mi habitación de la posada. Me reuní con Kreesha y Rakeesh en la alcoba de su casa. Rakeesh me explicó que su hermano estaba decidido a llevar a Tarna a la guerra y que tenía noticias de que un pastor Simbani que señalaba que el Laibon se disponía a atacar a los Hombres-Leopardo. Y Kreesha estaba segura de la presencia de un demonio detrás de estos acontecimientos y había llegado a la conclusión de que ese demonio estaba utilizándonos, y conduciendo a los dos pueblos a una guerra de la que sólo él saldría beneficiado. Dediqué el resto del día en comprar una lanza y una daga al mercader de armas, y algunos collares y un abrigo en la zona sur del bazar.
Cenando en la posada, observé un asiento libre en una de las mesas y conversé con el único superviviente de la misión de paz. Ya por la noche, acudí a mi cita con Harami y, ante sus súplicas, accedí a darle algo de comida. Regresé a la posada a dormir. Salim el boticario ya había terminado de producir las pociones. Intenté comprarle una, pero, agradecido conmigo, me regaló las dos pociones que había elaborado.
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Otra excitante redacción de ese chico llamado SkaZZ, que después de dejar algunos estudios de magia de Octavo Nivel, y de leerse algunos libros del gran autor Terry Pratchett, ha decidido hacer esta solución. Documento redactado el 17 de Agosto de 1996, y mejorado el mismo año.
Versión HTML el 2 de febrero del 2000.
Versión HTML para Zonadictos el 12 de febrero del 2002.