La Tierra de los Muertos
Al llegar a la Tierra de los Muertos, hablé con las ánimas que allí se encontraban hasta que Koppeas me reconoció. Apenado por su destino, le di dinero para que pudiera pagar a Caronte. Mi antiguo compañero me abrió paso, y me reunió con Caronte, que me permitió así cruzar la laguna Estigia a cambio de mi espada. Más aún, me entregó una flauta con la que podía llamarle y circular por los distintos reinos de ultratumba. Una vez en el otro lado, corrí para esquivar a Cerbero, y me adentré en la sala del tribunal, donde fui juzgado como un hombre y desterrado al Asfódelo, la tierra entre los Campos Elíseos y el Tártaro.
Sintiendo que allí no iba a encontrar los ingredientes necesarios para la liberación de Tiberias, utilicé la flauta y me adentré en el Tártaro. Al llegar, advertí un hombre encadenado cerca de un manzano; era el legendario Tántalo. Tras hablar con él, me hice con una piel de vino vacía, una jarra vacía y un tarro de miel. Con todo esto en mi poder, me dirigí hacia un gigante al que un águila le picoteaba una herida abierta. Tras expulsar al águila a pedradas y descubrir la identidad del gigante, el titán Prometeo, hablé con él y accedió a darme un poco de su sangre, que metí en la bota de vino. Por último, fui donde estaban las Danaides, y cuando se dieron la vuelta cogí el agua de su pozo. Con todo ello, partí hacia los Campos Elíseos, donde debía hacerme con el vino y la harina. El vino lo conseguí cogiendo el pellejo de vino que había cerca de las viñas. Para hacerme con la harina, hablé con una joven niña y accedí a llevarme a tres ánimas a un estanque. A cambio, recibí una hogaza de pan. Ya con todo en mi poder, volví al Asfódelo.
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Solución redacta de nuevo por el mago SkaZZ, al que este juego le pareció sobervio, fantástico, muy bueno e incluso mejor que el DarkEarth, salvo que es un pelín corto. Aún así, muy buena ambientación y la lucha con los Cíclopes es la caña. Quiero dedicar esta Solución especialmente para una chica de La Coruña, para Pamela Novo Franco, que con sus cartas siempre crea una sonrisa en mi rostro. Gracias chikiña.
Documento escrito en mitológico HTML el 16 de octubre del 2000.