Un mal comienzo
Como todos sabréis ya, acabé con la chica que más se merecía mi cariño en aquel dichoso hotel de La Costa Lotta, con Shermie. Estábamos una noche los dos cuando, de repente, a ella le dio un ataque y se puso tan histérica que me dejó atado a la cama, sin dinero y con un bonito cigarrillo quemando la colcha. Fantástico, me dejó quemado. Rápidamente, sin pensar en lo que hacía pues el fuego iba consumiendo la habitación, me hice con unas tenazas y un costurero cercanos. En el costurero encontré una aguja, la cual doble con ayuda de las tenazas. Ya era libre, bueno, de las esposas, pero no aún de la habitación. Sólo podía hacer una cosa con aquel cristal, romperlo con mi cuerpo serrano, y así lo hice. Tras recoger algo del suelo en el balcón, me encaminé a dar el gran salto; tan grande que casi me voy a...
Bueno, la cuestión es que me enteré de que tenía una especie de entrada para un crucero el cual, después del ajetreo de anoche, no me iba a sentar nada mal. Llegué al barco y me dirigí al camarote cero. Cogí algo de papel higiénico por si las moscas, desatranque la taza del W.C. quitando un tubo de spray. Salí y me aproximé a lo que era una especie de cochinillo, donde tuve la ocasión de engañar a un lelo camarero: le pedí una ración de carne, y después otra poca más, y cuando no estuvo fue el momento para llevarme el cuchillo y la bombilla de calor. Más tarde, decidí probar las judías y fui al salón del orgulloso marinero enano, donde observé mi nueva tarjeta HTQ.
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El fantástico mago Rincewind vuelve a contar una de sus maravilladas soluciones. Con esta ya son seis (falta Leisure Suit Larry IV) las entregas de los libros/documentos Memorias del Santo Seductor. Documento redactado el 23 de julio de 1997.
Versión HTML el 2 de febrero del 2000.