portada
noticias
ludoteca
avances
análisis
imágenes
reportajes
guías
trucos
foros
rss
Lands of Lore II: Guardians of Destiny
  • Fecha de salida: Septiembre de 1997
  • Desarrollador: Westwood Studios
  • Distribuidor: Virgin Interactive
  • Plataforma: PC
  • Género: RPG
  • Textos: Castellano
  • Voces: Castellano

Tertulias de los Cementerios

La magia gris sólo permite abrir una cripta. Pero es una cripta importante. En su interior hay una palanca que sirve para desviar la atención de cosas más importantes y, además, abre el edificio situado enfrente hacia el sur. Sin embargo, desde aquí, haciendo uso de una cierta violencia, se puede acceder a otra parte de las catacumbas, inexplorada, y en la que se halla el generador de magia azul.

Aprovecha para cargar hasta tres globos de tan inusual magia, y podrás abrir las dos criptas restantes del cementerio. En una de ellas, encontrarás utilidad a los brazaletes de los muertos, y trabarás amistad con un ex–sacerdote Dracoid, en su forma actual de fantasma. Por supuesto, no tiene ni idea de cómo conseguir la hoja de plata –que, no lo olvidemos, es lo que busca Luther–, pero, si le hacemos un favorcillo, nos concederá audiencia con el Emperador Dracoid, a ver si con él hay suerte. El favorcillo no es otro que buscar sus restos en las ruinas Dracoid, incinerarlos y recoger las cenizas en la urna que, al efecto, nos entrega.

La sensación de tomadura de pelo se acentúa por momentos. Vuelta a las inestables ruinas y, encima, a hacer exploración en detalle. Un recorrido por los rincones más bucólicos de los subterráneos incluirá, sin titubeos, su enorme lago subterráneo, habitado por una serpiente gigante. Vamos, que tampoco parece éste el sitio más adecuado para hacerse unos largos. Pero vayamos a lo nuestro: siguiendo la orilla de la masa acuífera llegaremos, tras mucho andar, a un pasadizo que penetra hacia la derecha. Y, en él, veremos los restos óseos del sacerdote. Si los arrastramos al fondo del corredor, llegaremos a una sala civilizada, con un altar. Depositando los restos sobre el mismo, y activando unas esferas cercanas, unas llamas estallarán e incinerarán los restos, transformándolos en unas prácticas cenizas, de fácil almacén en nuestra urna.

Con los macabros restos, de vuelta al cementerio y a su destinatario. Éste recibirá a Luther en medio de espectral regocijo y, como recompensa, le dará un símbolo que le permitirá llegar al mausoleo del Emperador. Claro, ¿por qué trasladarle cómodamente a su presencia, si se le puede dar un símbolo que hace aparecer el edificio un poco al sur y...? En fin, no nos quejemos, y al tajo. Ahora el caprichito es que pongamos tres globos, uno de cada color, en sendos receptáculos, para que así se abra la puerta que nos lleva al “inner sanctorum” del Emperador.

Por fin, con los ojos brillantes, nos aproximamos a nuestro objetivo que nos va a dar la hoja de plata, que le podremos llevar al jefe de los Salvajes, nos admitirán en la tribu, derrotaremos al Larkhom, encontraremos la piedra onírica y... un jamón. Claro que el Emperador nos va a dar la hoja de plata, pero hay que hacerle, como no, un favorcito. Con algo más de tacto que sus predecesores, el Emperador Dracoid tratará de “vendernos la moto” y motivarnos sobre nuestra nueva misión: que si restituir el honor perdido, que si vengar a una raza... vamos, que quiere que volvamos a las ruinas Dracoid y llevemos allí sus restos para que pueda invocar a la estatua Belial y obligarle a que destruya a la serpiente del lago, espíritu del mal que contaminó el esplendoroso reino Dracoid y lo llevó a la miseria actual.

De nuevo a las ruinas Dracoid, hay una construcción situada al sur del palacio, a la otra orilla del río y a una cierta distancia del este. Está enfrente de la biblioteca, para más indicaciones. En dicha edificación, a la que sólo se puede acceder desde un lateral, al estar colapsada su entrada principal, hay una estatua de Belial. Y, delante de ella, un altar. Al colocar los restos del Emperador sobre el mismo, éste se levantará e invocará a la estatua que, ni corta ni perezosa, estirará sus músculos y, con atronadores pasos, se dirigirá al altar de la competencia, donde habita la serpiente objetivo de sus órdenes. Allá hemos de seguirle, no sin cierto resquemor por las previsibles consecuencias del titánico combate.

En efecto, los temores de Luther se quedarían cortos. Al tercer golpe, ya temblaban los cimientos del lago bajo el que transcurría la espectacular lucha. Consciente de su humano y, por tanto, algo débil naturaleza ante un derrumbamiento de las características que se avecinaba, no estaría de más la búsqueda de un refugio. Dicha búsqueda habría que realizarse por vía de urgencia, como impulsaba el agua que inundaba el pasillo recién recorrido. Una alta construcción de las cercanías podía suponer un lugar seguro hasta que se calmara la situación. Por desgracia, no lo iba a ser, como Luther notó al alcanzar el nivel del agua el tejado desde el que ufanamente contemplaba la evolución del líquido. Pero la suerte estaba de su lado, y habían aparecido unas balsas procedentes de lo que otrora fueran mesas. Había que subirse a ellas como quien se agarra a un clavo ardiendo. En las cercanías de una cascada se podía divisar un pasillo de escapatoria, al que saltó, con gran ejercicio de habilidad, nuestro gran héroe.

Pero tampoco aquí estaba seguro, como constató con desmayo el creciente nivel del agua. Sólo había un camino de salida, pasando al lado de otro pozo, y hacia arriba. Al final del camino, sólo los restos de una puerta en el suelo, y el agua subiendo con su incansable gorgoteo. Piensa, piensa... o ahógate. Ya está: Luther empujó la puerta al pozo, la utilizaría como balsa, saltando sobre ella, para llegar a... bueno, eso lo sabría cuando llegara.

« Profanación de Tumbas y otros restos | Fin de Semana en la Montaña »

De nuevo el mago entre los peores magos, el incansable Rincewind, da solución a otro gran juego. Tras un aburrimiento espantoso, decidí jugar a este juego, que me dejó sorprendido y enfadado, durante tres semanas. Documento redactado en 1996.
Versión HTML el 1 de febrero del 2000.