La Criatura de Ron
Me dirigí luego hacia Suiza y entré en la cabaña del ciego, al que le di el saxofón para que cambiara por fin el instrumento. Eché la paja a la chimenea, y en ese momento se formó una gran humareda. El ciego se percató del olor y decidió abrir la ventana, y en ese momento la corriente hizo salir volando el libro que le había confiado el Dr. Frankenstein por la ventana, que por supuesto no dudé en agenciarme. Tenía que conseguir como fuera reconstruir a Frankie para saber qué es lo que exactamente había descubierto.
Ahora me dirigí a la cabaña que había nada más aterrizar en Suiza, me introduje y me encontré con Igor, el ayudante del diabólico doctor. Hablé con él un rato, pero no decía más que cosas incoherentes, así que me dirigí a la sala del fondo. Allí observé los cuatro cuadros que había en la pared y en la bola del mundo y su mecanismo. Me figuré que era alguna especie de puzzle para descubrir algún pasadizo, así que observé detenidamente los cuadros y apunté las fechas que había en ellos. Fui donde estaba el mapamundi y miré el día del año más bajo que había apuntado, y si el cuadro estaba a la derecha, utilizaría el botón de la derecha tantas veces ese número. Si estaba a la izquierda, el botón de la izquierda. Y así con todos los días de los años, desde el más bajo hasta el más alto. Luego, pulsé el botón rojo y se abrió un pasadizo secreto que me figuré que era el laboratorio de Frankenstein. Entré allí y busqué algo con lo que unir las distintas partes de Frankie, y en el cajón encontré un poco de hilo y aguja. Después, me dispuse a leer el diario del doctor para saber cómo lo había conseguido. Una vez leído, puse todos los trozos del monstruo sobre la mesa de operaciones y los cosí uno a uno con la aguja y el hilo. Me dirigí a las cubetas e introduje la cáscara de huevo, el hueso y la gominola, en sustitución de los elementos que me hacían falta, pero me faltaban otros dos. Uno podía ser la rodaja de limón que había en la mesa de la terraza de la Mansión Hannover, y el otro podía sacarlo de la planta con mucha vida que estaba cerca de donde encontré a la niña, aquí en Suiza, y que podía extraer con la jeringuilla. Así lo hice, y al regresar eché los componentes en las cubetas. Era hora de probar si podía tener éxito mi experimento como diabólico doctor, así que pulsé el interruptor, pero no pasó nada. Algo había fallado y me parecía saber lo que había sido; pensé que las babas del Hombre-Mosca podrían servirme, así que fui a la Mansión Hannover, utilicé el frasco cogido de la habitación de Sherilyn para recogerlas, y regresé de nuevo a Suiza.
Ahora si que parecía haber llegado el momento de la verdad. Me dirigí hacia el molino, subí por las escaleras y rocié el contenido del frasco de perfume sobre la piedra que obstruía el mecanismo del molino, con lo que se deshizo y empezó a funcionar. El siguiente paso era hacer que cambiara el tiempo atmosférico para poder tener energía eléctrica, así que tenía que ingeniármelas para subir a lo alto del molino y colocar allí la máquina del Doctor Mosca. ¿Pero cómo? Entonces recordé que en el despacho de la secretaria de Hannover, en los estudios M.K.O. había un paraguas colgado del perchero, así que me dirigí allí de nuevo y me hice con él.
De regreso otra vez al molino de Suiza, utilicé el paraguas con las aspas del molino, y así conseguí, en una maniobra peligrosa, subir hasta el tejado. Coloqué entonces el aparato del Doctor Mosca allí y bajé del molino rumbo al laboratorio. Allí utilicé el control remoto, y la máquina hizo que cambiara el tiempo y hubiese rayos eléctricos para reavivar el cuerpo sin vida de Frankie. Pero algo no salió bien, y el individuo no resucitó. Fue entonces cuando recordé una conversación entre el cocinero de la mansión Hannover y Helmer, así que no tuve más remedio que volver allí una vez más. Esto empezaba a cansarme.
Una vez allí, bajé a la cocina, que estaba al final del salón al lado de la batería, y hablé con el cocinero. Acto seguido, utilicé el globo lleno de gas, y el cocinero salió despavorido por el peligroso olor a gas. Entré en la despensa, encendí la luz y cogí el cerebro que había entre unos trapos. Ya tenía lo que fallaba a mi creación, así que regresé a Suiza y le puse el cerebro a Frankie y volví a utilizar el control remoto del invento del Doctor Mosca. Ahora sí que funcionó mi experimento, y pude hacerle unas preguntas a Frankenstein, quien me contó la implicación del señor Hannover en una trama muy sucia para ganar mucho dinero. Había llegado el momento de hacer una visita a los estudios para ver qué es lo que pasaba.
« Las Ramas Familiares | El Rescate de Sue »
Otra gran solución del gran señor de las aventuras gráficas, que es uno de tantos, llamado por la mayoría SkaZZ, y por otros Rincewind en el IRC. Saludos a todos los compañeros. Documento redactado el 14 de Junio de 1998.
Versión HTML el 1 de febrero del 2000.