La Campiña y el Albergue
Desperté en la casa de unos conejos, yo parecía venir de muy lejos. Wynnona me escribió una carta para mí:
QUERIDO DESCONOCIDO,
GRACIAS POR HABERME LIBERADO
DEL REY BODD. SE HA ENFADADO
MUCHO, POR SUERTE ESTAS
GENTES OS HAN SALVADO.
NO PUEDO ESPERAR A SU RECUPERACIÓN,
PUES DEBO PERSEGUIR
A FURBALUS QUE AHORA POSEE
LA LLAVE DEL LABERINTO DE
FOLIANDRE. PARA ALCANZARME,
BEBA ESTE EXTRACTO DE
GIGANTE, IRÁ MUY RÁPIDO.
LOS OBJETOS TRANSPORTADOS
TAMBIÉN TENDRÁN SU TALLA.
ESPERO VOLVER A VERLO...
VUESTRA DEVOTA WYNNONA.
Dicho y hecho, Chump y yo nos tomamos la bebida de gigante y crecimos lo suficiente para proseguir le camino sin muchas dificultades. Así, llegamos hasta una gran ciudad.
Llegamos a un campiña, donde un dragón, que se había vuelto loco, la asolaba. Lo primero que hice al llegar fue hacerme con un dolmen, y con una piedra esculpida. Después, me puse en la palanca de la dragonera y Chump, siempre fiel a mis órdenes, fue a conseguir la carne. Ello me envió al tejado del castillo, donde pude conversar con la princesa: ella me pidió la liberación del caballero Brayar, el cual estaba atrapado por el dragón. Después, hablé con el rey: el dragón había olvidado su pacto de no agresión y estaba saqueando el lugar. Yo tenía que curar al desdichado dragón, pero antes tenía que salvar al caballero Brayar. Brayar estaba atrapado en las cercanías del lugar, obstruido por unas zarzas. Yo puse mi dolmen en ellas, y pude hablaron el caballero: me pidió que hiciera tragar un memorum, un líquido que haría hacer recordar al dragón. Brayar me dio el memorum y se marchó con la princesa.
Por esos alrededores, me hice con una muela que metí en un barreño de agua. Después, con la muela mojada, eché todo el agua en el fuego provocado por el dragón. Así pude coger una horca, que para mi tamaño era un tenedor. Con la horca, pude coger la carne sin pillarme los dedos con la palanca dragonera. Fue el momento oportuno para visitar el albergue.
En el albergue, el efecto de la poción nos hizo más pequeños de lo normal. Nos encontramos con Piképik, un mosquito bastante simpático que nos comunicó que Wynnona había tomado el último barco a la ciudad .Allí, en ese albergue, pude hallar al Capitán que me había dejado solo en el barco, y a una belleza llamada Korin. Hablé con el Capitán: se excusó conmigo por haberme abandona, no volvería a navegar mientras las piedras cayesen del cielo y montaría con él si le encuentro un billete perdido.
Todo era algo complicado, aunque no en exceso. Las cosas no parecían tener fin, y yo sólo quería a Wynnona, que por lo menos ella estuviese conmigo. Ya que estaba allí, también hablé con Korin, la cual tenía una espada mágica por ser una guerrera; y si la encontraba una piedra bonito que reemplazara a la que perdió, me dejaría mirar en su espada.
Pero el problema es que, yo primero, necesitaba una sustancia para salpimentar la carne, llamada paprika. La sustancia en concreto estaba en una estantería, a la que yo, de momento, no podía acceder. Cerca de allí había un cliente, al cual, Chump, mi amigo volador, subió en su mano. Entonces, yo hablé con el cliente, que me permitió coger la correa pues ya no la necesitaba. Cerca de esa zona se hallaba una fisura, por la que me metí para aparecer dentro de la jarra de un cliente. Me llevé un azucarillo y volví por donde había venido, para dar después el azucarillo al cliente. El movimiento de la mano de este hizo que Chump pudiera cogerme la correa.
La cuestión ahora era coger la paprika. Cogí una cuchara cercana, y Chump se puso en un lado. Volví a por otro azucarillo, y, cuando ya lo tuve, lo puse en el otro extremo de la cuchara. Chump llegó hasta arriba, así que yo, después de recoger el azucarillo, me fui debajo de la paprika. Chump estornudo encima de ella y, cuando lo hizo, yo puse la carne para sazonarla.
Regresamos, Chump y yo, de nuevo a la campiña, donde ya éramos de nuevo gigantes. El dragón dormía y vivía en una cueva con forma de calavera. En su oreja, puse mi escudo y eché el memorum en el barreño de agua. Después, puse la horca en un orificio y la carne sazonada en la horca. El dragón salió, probó la carne y salió derecho a beber agua del barreño. El dragón me dio las gracias, siendo ahora su obligación ayudarme. Con el dragón, mi escudo y Chump fuimos al albergue.
En una cárcel, se encontraba un ratón, con quien supuse debía hablar. Para ello, puse mi desatascador en el zócalo de la celda, y luego usé la correa para poder subir. Othello, como se llamaba el ratón, me comentó cosas interesantes: él tenía el billete perdido del Capitán, pero quería un objeto a cambio de su llave. Mi único objeto de valor era un escudo, así que se lo entregué y, éste, en compensación me entregó la llave. Con la llave abrí la puerta de su casa, y mandé al dragón para cogerme el billete. Cuando el dragón se fue, cogí la llave y se la devolví a Othello, quien me entregó mi escudo. Di el billete al Capitán y este me entregó una carta para su amigo el tendero, quien me entregó una carta para su amigo el tendero, quien tiene un medio de transporte.
Antes de marcharme, di a Korin la piedra tallada que tenía y, ésta, en compensación, me dio la oportunidad de ver a Wynnona en la empuñadura de su espada mágica además de un beso de los que hacen historia.
Una genial solución redactada por ese mago amigo de todos (los que tengan dinero) llamado Rincewind o SkaZZ. Me he dedicado a esta solución durante unas quince horas, usando sólo un jóker de los cinco disponibles que tenía (y que de todas maneras no me sirvió de mucho). El juego, en general, es una maravilla, pero su traducción al castellano es bastante floja. De todas maneras, el juego es totalmente recomendable; y como soy más chulo que un jersey de ochos, le doy un 9 sobre 10. ¡Hala! Documento redactado el 14 de Febrero de 1994, y mejorado en 1996.
Versión HTML el 1 de febrero del 2000.