Introducción
Muchos esperábamos con ansias esta doceava entrega,
pero no sólo desde que terminamos Final Fantasy 10,
sino, incluso, -sobre todo en lo que a nosotros,
los viejos fans de la serie concierne-, desde los tiempos más
remotos, por allá, en la era del NES y el SNES... cuando
intentábamos ver al futuro y nos atrevíamos a soñar
si FF llegaría tan lejos, y de ser así, cómo sería
en este actual entonces.
¿Por qué? Porque el doce es un número significativo en la cultura
occidental (tanto como el trece, que, crucemos los dedos, ojalá
tenga el mismo sello de excelencia del que, -por fin- disfruta éste)
y porque es hija única de la primera máquina en la historia de los
videojuegos que ha logrado instaurarse en 100 millones de hogares,
máquina que ya anda sentada en una colina, viendo su ocaso.
Para coronar semejante número, Matsuno, el productor y
encargado de la historia del juego, no podía habernos hecho una
mejor regalía: este no sólo es el Final Fantasy con la historia
más inusual que ha habido, por cuanto deja a un lado la fantasía
pura y dura para hacer una inteligente mezcla de todo un universo
político (e histórico, pues hay detalles que son inspiración de
nuestro propio mundo, como el tema del imperialismo, llevado de la
mano con las ocupaciones romanas), dejando en el transcurso sentado
que, por mucho, es una obra muy esmerada, pues, sin más, recuerda
a Tolkien, en el sentido de que la fantasía no necesariamente tiene
que llevarse de la mano con lo absurdo o inexplicable: Para recrear
un mundo fantástico, se han desvivido en ocuparse de hacer
sentir que en Ivalice, planeta donde se desarrolla nuestra nueva
aventura, hay una historia, existe una cultura, y se cuenta con una
extraordinaria cantidad de detalles que se han cuidado con esmero y
esfuerzo.
Final Fantasy 12 recibe una crítica privilegiada porque
no deja cabos sueltos... si bien hay que estar de acuerdo
en que, en la mayoría de su recorrido, no se siente como
un Final Fantasy per-sé, y que perfectamente podría haber llevado
otro nombre y poca relación conseguiría nadie, se aprecia que sea
el primero, desde los programados para el PSX, que esté hecho por
amor al arte.
No en balde: recuerda a la vieja escuela por su
dedicación, y se divorcia del Spira de Final Fantasy X
por cuanto Ivalice es un mundo vibrante, gigantesco,
y vivo, y no un mapa que, ayudando a darle peor nombre
a la linearidad (que no necesariamente debería ser un concepto
mal visto) se siente, sencillamente, inerte.
A muchos les pareció irritante que Matsuno se tomara
casi 5 años para la realización de Final Fantasy XII,
la espera, en ocasiones, se hacía ridícula, y fue
objeto de burla.
Pero sí: ha valido la pena. Su última obra para
Square-Enix vuelve a poner en alto el nombre de la saga,
y si en nombre de todos los años que pasaron se deshizo
de esa tan dañina atmósfera ya carcomida por el cáncer
de lo genérico que le ha arrebatado ese aire de
"más grande que la vida" del que la saga alguna vez gozó,
entonces se le agradece, y mucho.
Final Fantasy XII es un título grandioso, es un juego
en el que, otra vez, puedes estar sumergido por
meses, no sólo consiguiendo un mejor status para esos maravillosos
personajes, sino, más importante aún: seguir descubriendo
cosas nuevas.
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Final Fantasy 12: guía completa en español
por: DROSS
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