Las Tierras de las Brumas
Angor era el demonio que poseía este reino, gracias al poder de los vientos que contenía el diamante que robó. Según contaban los pocos que lo habían visto, tenía forma de serpiente. Aquello no era más que un sucio pantano, lo que lo hacía muy mortal. Llegué hasta una casa vigilada por un esbirro del demonio, un hombre lagarto. A pesar de la conversación que mantuve con él sobre joyas robadas y la torre, no me dejó pasar. Caminé por el camino del pantano hasta un sendero cenagoso, donde un animal con un tambor, con propiedades mágicas, no me permitía continuar más allá. Antes de irme, bajó el puente, hallé una zarigüella muerta.
En la torre hablé con un guardián, quien me regaló una trompeta a cambio de mi zarigüella. Tras una breve inspección, le quité los tapones verdes que tenía. Gracias a esos tapones, dentro de mis oídos claro, pude silenciar el sonido del tambor del animal y seguir por el sendero cenagoso. A decir verdad, el bicho se cansó y dejó su tambor... a mis manos, claro está. Más tarde, hallé un nido de araña, pero al intentar cogerlo una araña gigante salió a mi paso. Del pasmo, saqué la trompeta y la melodía tranquilizó al animal. Cogí el trozo y examiné un esqueleto que poseía una llave de oro, al menos hasta que yo la cogí.
Pensando como poder entrar en la torre, me puse a tocar el tambor delante del guardia y, sin darme cuenta, se quedó dormido. Tras cogerle la lanza, le registré en busca de la llave que abría la puerta. Entré y en una jaula hallé a un hada presa, Iris, que fue liberada cuando usé la llave de oro. Después de una breve charla, me dio unos polvos mágicos. Antes de salir echando patas, cogí un hacha y, detrás de las cortinas, un libro y una manta.
Por el sendero montañoso, llegué a la Ciudad de las Nieblas. Allí, en una plataforma, cogí un jarrón, una flor y una nuez dentro de un tarro. En las puertas de la ciudad me esperaba un Titán... muy imponente, por cierto. Para librarme de él, urdí el plan de poner los polvos en el jarrón con agua, haciendo volar a ese genio. La puerta de la choza era otro problema, aunque la fuerza de un hacha siempre era útil, y así sucedió. Dentro, cogí una botella y, en el heno, unas seis monedas de oro.
Preparado, tanto como lo estuve para coger la gema, me dirigí al castillo. Su puerta se abría con un mecanismo de ladrillos a la entrada, que levantaba la puerta si se seguía un orden: izquierda, abajo, arriba. Entré y fui a una puerta central donde encontré una gárgola, la cual me entabló conversación sobre niños. Así logré timarle una piruleta. Después entre por una puerta a la derecha, en donde encontré a Izión. Le convencí sobre Iris y le entregué una flor y un libro, obteniendo a cambio dos llaves: una para colocar piedras y otra normal. Antes de salir, cogí un libro.
Fuera, un viejo mendigo me dio conversación sobre barcos e historias antiguas, lo cual se lo agradecí dándole las monedas de oro que tenía. La llave de Izión me sirvió para liberar un cetro de una gárgola. Hecho esto, entré por la puerta que todavía no había abierto, y que era la habitación del demonio Angor. Sin pensarlo, mi lanza atravesó su sucio cuerpo, liberándole de este mundo. Recogí el diamante y, de los huesos, algunas monedas.
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Una nueva solución de SkaZZ. El juego me gusta, pero mi versión estaba en inglés y algunas traducciones estaban muy mal realizadas. Por otro lado, el morir me parece algo que debería sobrar en una aventura de este estilo y eso de las ranuras para guardar el juego es una putada. De todos modos, me ha encantado el juego.
Documento escrito en HTML mágico el 6 de mayo del 2001 a las tres de la madrugada... y es que no puedo dormir... creo que me voy a pegar un tiro...