Día II
Me desperté en mi habitación, con el Dr. Cobble al lado. El doctor me informó del mal funcionamiento de mi corazón, y que debía cuidarme, no realizar demasiados esfuerzos. Intenté hablarle sobre el indio, mas el mencionó a un tal Natawanga, un indio que vivía en el bosque, y un tal Naramous, que debía de estar muerto muchos siglos antes; es decir, no me prestó atención. Tras levantarme y esperar a que el doctor se fuera, leí el Pergamino que me había dado el pájaro. Tenía raros signos, que yo no entendía. Así que cogí la Receta del doctor y me fui a la Farmacia del lugar.
Mientras que el farmacéutico preparaba mis píldoras, me dejó libre su laboratorio. De los estantes que había, cogí los elementos necesarios: Metasulfito de Potasio e Hiposulfito de Sodio para revelar las fotos; y Metol e Hidroquinona para fijarlas. Apagué la luz de la sala y puse las Placas Fotográficas en el fregadero y usé las sustancias. Tras revelar las fotos, les eché un vistazo y... me dio otra vez el ataque al corazón al ver aquello...
Menos mal que estaba cerca el farmacéutico, quien me salvó la vida. Me suministró las píldoras a tiempo para volver a poner en marcha mi corazón.
Al salir de la Farmacia me encontré con Coldstone, uno de los asistentes a la reunión nocturna de anoche. Me aconsejó dejar mis actividades amablemente. No le hice ni caso, y fui a la Taberna donde invité a Jed Donahue, un lugareño, a tomarse unas cervezas conmigo. Después, fui a visitar al Sr. Jugg, para comentarle todos los últimos acontecimientos. Al acercarme a la vivienda, encontré a Wilbur saliendo de su casa; y esto me olía muy mal. Le seguí a distancia prudente hasta que entró en la tienda de Myers, donde dejó una Llave. En un rápido movimiento de manos, cogí la Llave. Aunque ya no pude seguir a Wilbur.
La llave era de la casa de Jugg, donde había charcos de sangre por todo el recibidor. Registré toda la casa y no encontré a nadie. Aunque encontré tres estatuas: la Estatua de un niño; otra Estatua de un hombre joven, dentro de un mueble; y otra Estatua de un hombre viejo en un cristal junto con varias mariposas disecadas. En su dormitorio encontré unos libros interesantes y una Llave pequeña escondida debajo de la alfombra. Como estaba imaginando, los libros de los estantes tenían algo de relación con las estatuas. Así pues, cambié un libro titulado Infancia por la Estatua de un niño, El Hombre Joven por la Estatua de un hombre joven y El Viejo y el Mar por la Estatua de un viejo. Tras esto, una puerta secreta se abrió entre las estanterías.
La colección de libros de Jugg era impresionante, incluyendo un viejo manuscrito conocido como Vermis Mysteriis (cuyo tomó tendría más tarde un tal Jeremy Hartwood y, después, un extraño detective privado llamado Edward Carnby), del Predicador Laurent, también conocido como el Visionario; o el Libro Que Vuelve Locos a Los Hombres de John Cellar; o Prácticas Ocultas en Escritos Demoníacos de Theobald de Sion...
Jugg estaba allí moribundo, en una biblioteca llena de libros sobre temas de ocultismo. Casi muerto, logré obtener de él información sobre el Pergamino que tenía, y me habló de unos dioses, de entre ellos el más poderoso era CTHULHU. En estos tiempos, extendía el terror y la maldad sobre toda la Tierra. Separado en otra dimensión, CTHULHU y el resto de los dioses, los Ancianos, ansiaban volver a nuestro mundo para volver a gobernarlo y sembrar el caos. Coincidiendo con el paso del cometa, se materializaría el Guardián de la Puerta, YOG SOTHOTH, que abriría un pasillo entre ambas dimensiones para que comenzara la invasión.
Prometí a Jugg que esto nunca sucedería, y que terminaría con los causantes de todo esto. Me entregó un mensaje para que lo leyera en mi habitación, a solas. También me habló sobre el Necronomicon, famoso por ser el libro del mal, de las ciencias ocultas, escrito por el árabe loco Abdul Alharez; que se hallaba en sus manos. Mas me advirtió de no sacarlo de la sala, pues tenía el poder de transmitir la locura a las personas. Y Jugg murió.
Lágrimas cayeron por mi cara, y estaba claro de que los adoradores de CTHULHU le habían matado para impedir que interviniera. Pero no habían contado conmigo, y eso fue un grave error...
Además, en ese momento yo era el principal sospechoso de la muerte de Jugg. Mis relaciones con la policía, más bien con el Sargento Baggs, no eran excesivamente buenas tras el altercado del día anterior. Así que tenía que tener mucho cuidado. Por tanto, examiné el Necronomicon, que abrí con la Llave pequeña que tenía. Tomé algunas notas y, siguiendo el consejo de Jugg, lo dejé sobre la mesa. Cogí el Mensaje que me había dejado y salí a tomar venganza.
En la calle corría el peligro de que algún falso testimonio alertara a la policía en contra mía, así que anduve con cuidado por las calles, esquivando a cualquier asistente a la reunión anterior. Así llegué a la casa del Dr. Cobble sin despertar sospechas.
En mi habitación leí el Mensaje de Jugg sin problemas. Estaba claro. Debía acudir en la Oficina de Correos a alguien que podía ayudarme. Al llegar a Correos, descubrí que el mapa de la villa había desaparecido. Hablando con la encargada del servicio postal descubrí que un hombre que investigaba temas indios, el Sr. Underhouse, que habitaba en el piso superior, tenía el mapa. Tras discutir con la encargada sobre indios, yo en su defensa contra esa racista asquerosa, subí al piso superior a hablar con el Sr. Underhouse. Los seguidores de CTHULHU le habían creado su invalidez. Se mostró triste y consternado al saber de la muerte de Jugg, y decidió cooperar conmigo. Me reveló la existencia de un Diario que comprometería a los seguidores del malvado dios, el cual estaba guardado por el Alcalde Arlington, otro miembro ocultista con Wilbur Hambleton, Coldstone y Tyler. Aunque desconocía la clave de la caja fuerte, sabía que tenía que ver la Biblia.
Tras salir de Correos, acudí a la tienda de Myers a por Placas Fotográficas y, de paso, adquirí un Broche y un Guardapelo, que Myers insistía en venderme. Pensando, recordé a la religiosa Sra. Picott, a la que acudí a ver a las puertas de Correos. Estaba con su sufrida sobrina, y traté de convencerla de que me prestase su Biblia. Tras hablar con ella amablemente, y entregarle el Guardapelo que tenía, me cedió su Biblia. De camino al Ayuntamiento, me encontré con Bishop con el que conversé. Quería decirme algo, aunque ése no era el momento adecuado. Dentro del Ayuntamiento, pasé entrar al despacho de Arlington tras una charla con el oficinista, supuestamente para contemplar las vistas de Arlington y hacer unas fotos del lugar.
No me costó hallar la combinación de la caja fuerte, pues sólo mirar la página de la Biblia, donde aparecía el número de la Bestia, 666 para los curiosos, descubrí que era el 345. Abrí el armario, donde estaba la caja fuerte, cogí el Diario y lo leí.
Al parecer, Jonas Hambleton se hizo rico con el negocio de la factoría pesquera. Con el dinero llegó el poder, y con el poder quería tener mucho más poder. Por esta época, se aficionó a las lecturas de libros de ocultismo. Un día incluso llegó a contactar con el mal. Tuvo dos hijos: Wilbur y Curtis, y éste último renegó de su padre, así que fue echado de su casa. Llegó a tener el don de la inmortalidad que le dieron los antiguos, y su hijo Wilbur el de leer las piedras. Como precio, sus hijos tenían los dedos unidos por membranas, sacrificó a su esposa al monstruo marino DAGON, que aún estaba por las inmediaciones; y la pasar su vida sepultado allá donde se juntan el cielo, el mar y la tierra. Allí, en su tumba se hallaban cuatro estatuillas, cuya destrucción daba la muerte a cada una de las cuatro familias adoradoras de la secta de CTHULHU; y a su vez su propia muerte.
Esta lectura era interesante, pues podría vencer de una vez por todas a CTHULHU. También hallé una Pitillera al lado que cogí. Tras abrirla encontré una Nota del depósito de Correos. Así pues, devolví el Diario a la caja fuerte de Arlington para no despertar sospechas, y me dirigí inmediatamente a Correos a por el pedido.
Cambié la Nota del depósito por un Paquete, y, tras abrirlo, descubrí dentro un Vestido igual a la que ya tenía Wilbur. A la salida hallé a Bishop, con quien entablé amistad y me daría ayuda en el futuro. Mi próximo objetivo era el Faro, donde trabajaba Tyler, aunque de momento no podía entrar. Pensando, me cambié mis ropas por el Vestido detrás del pozo y me encaminé al Faro. Eludí a los guardias, respondiendo con gruñidos a sus preguntas tramposas. Me quité las ropas tras el Faro y, con ayuda de la Escala de cuerda encontrada en la Pesquería, subí a lo alto del Faro donde, una vez allí, intentaron cogerme. Sin perder ni un instante, examiné el reloj y lo abrí. Cogí unas Alas de dentro y, abriendo la lámpara, cogí la Vela de cera de su interior. Usando la Lupa en su mecha, encendí la Vela de cera y pegué con cera mis nuevas Alas. Huí con ellas hasta el campamento de los gitanos, donde me sentía a salvo.
Intenté hablar con ellos, pero se mostraban atemorizados. Todos excepto ella, una gitana bella que accedió a leerme la fortuna. Desde el reino de las sombras apareció Boleskine, relatándome lo que le ocurrió en Illsmouth. Las tierras estaban malditas, lo cual no fue un gran descubrimiento, porque, al parecer, los dioses antiguos colocaron un santuario donde unos sacerdotes, con algunas deformaciones, practicaban crueles y sangrientos sacrificios en nombre de CTHULHU. Además, Boleskine me dio nuevas pistas a seguir.
Regresé al pueblo, donde el sol ya se había puesto. Iba a ser una noche muy movida, pues aniquilar a los secuaces del maldito dios es un trabajo difícil, mortal.
Vaya pedazo de juego, además de un buen guión es interesante la técnica adoptada por Infogrames. Usando la técnica de Alone in the Dark, pero con los gráficos del clásico Indiana Jones and the Fate of Atlantis. En el laberinto, he tenido que usar la guía de El Bárbaro, pues me perdí; por eso se parecen tanto esa sección. Solución redactada por SkaZZ el 12 de Diciembre de 1993, y mejorada el 15 de Julio de 1995.
Versión HTML el 2 de febrero del 2000.
Versión HTML para Zonadictos el 23 de febrero del 2002.