Redactado por SodLogan el domingo, 19 de febrero de 2006
Game Republic, compañía liderada por Yoshiki Okamoto Street Fighter II, Resident Evil, Onimusha y Devil May Cry-, se estrena con Genji para, según el propio Okamoto, dar un soplo de aire fresco a un género estancado con un juego que exprimirá al máximo el potencial de PlayStation 2.
Así pues, nos presenta la historia de Genji, un cantar del Mío Cid de la mitología japonesa que se desarrolla durante los siglos XI, XII y XIII. El general Kiyomori, de la dinastía Heishi, se ha hecho con el poder de todo el Japón feudal gracias al poder que le han otorgado unas piedras mágicas, las Amahaganes, con las que ha derrotado y eliminado a la dinastía rival, los Genji, a excepción del joven príncipe Yoshitsune, que se ha exiliado con la Amahagane de su dinastía con la intención de volver para restituirla en el poder.
JUGABILIDAD
No nos engañemos: Genji no es nada nuevo. El juego, en pocas palabras, consiste en avanzar e ir matando a todo el que se nos ponga por delante. Si esto de por sí estuviera ya bastante roído, nos encontramos con un sistema de combate súper simplificado: ataque rápido y ataque fuerte, además de poder bloquear los ataques y, como novedad, la habilidad de salto.
Así pues, una vez que nos veamos con el control del personaje, solo nos queda presionar el stick hasta que nos aparezca una piara de enemigos y matarlos. Así una y otra vez hasta que, por fin, lleguemos a un jefe final que de algo más de variedad y dificultad al juego.
Y es que, para más inri, los enemigos son pocos a la vez, con una baja inteligencia artificial y muy débiles a nuestros ataques, aunque puntualmente nos enfrentaremos a algunos con los que sí tendremos que esmerarnos más.
Sin embargo, para dar al juego un poco de variedad, podremos ir intercambiando entre Yoshitsune, un ágil y rápido samurai que blande dos espadas, y Benkei, el típico personaje grandote, fuerte y lento. Aunque el juego podría pasarse prácticamente dejando de lado a Benkei, resulta curioso (además de más adecuado) poder ir intercambiando los personajes y, de esta forma, pasar determinadas áreas con uno o con otro, dependiendo de la naturaleza del sitio y sus enemigos.
Así, por ejemplo, si usamos a Yoshitsune, podremos alcanzar, gracias a su agilidad y grandes saltos, determinadas áreas de los escenarios que Benkei no puede, y viceversa: Benkei podrá desplazar rocas o grandes troncos que impiden el paso a Yoshitsune.
UN POCO DE VARIEDAD: ROL Y KAMUI
Aunque esto tampoco es una gran novedad o aporte al género, no deja de ser un acierto incluir ciertos elementos de rol, como aumento de niveles (y por tanto de vida, fuerza, etc.), inventarios y nuevas armas, así como ataques elementales y estados alterados.
Sin embargo, los toques roleros pasan bastante desapercibidos en el juego, pues todo el tema de los niveles es demasiado automático y los ataques elementales y estados alterados pecan de poco importantes, por no decir nada.
Pero aquí viene el bullet time del juego, una nueva forma de lucha. Se trata del Kamui. Conforme vayamos consiguiendo más Amahaganes, iremos consiguiendo más slots con los que podremos entrar en este modo.
No se trata de un simple bullet time en el que los enemigos se moverán más despacio y nosotros tendremos ventaja sobre ellos, sino que, una vez lo activemos, los enemigos que hay en pantalla atacarán en un determinado orden y nosotros tendremos que efectuar un contraataque pulsando cuadrado justo en el momento oportuno. Gracias a esto, conseguiremos, además de una vistosa pelea, eliminar grandes cantidades grandes de enemigos sin excesivos problemas.
Pero aquí está el contra del Kamui: el juego te permite abusar bastante de él, por lo que podremos pasar niveles entero prácticamente solo a base de Kamuis. Sin embargo, sí resulta muy interesante utilizarlo durante las peleas de los jefes, en los que tus reflejos deben ser máximos. Aunque no mataremos al jefe de un solo golpe Kamui, sí conseguiremos cercenarle un gran trozo de su barra de vida, además de, en ocasiones, conseguir ítems especiales.
GRÁFICOS
El acabado gráfico de Genji es, sin duda, uno de los puntos fuertes del juego. Nos encontramos ante un juego que, tal como dice Okamoto, aprovecha a tope el potencial de la consola.
Tomando su estilo visual de películas como Tigre y Dragón y La casa de las dagas voladoras, Genji tiene una estética bellamente creada. La batalla comienza en bosques otoñales, magníficos palacios del este, y campos de batalla feudales empapados en sangre, con una atención increíble para detallar lo que realmente hace la leyenda realidad.
Los escenarios, detallados al máximo con gran cantidad de efectos de luz y con un colorido fabuloso, se antojan, sin embargo, muy pequeños (más aún en las batallas), mientras que los personajes, especialmente los principales, tienen un diseño más que notables con un montón de detalles. Cabe destacar que, a pesar de exprimir la consola, el framerate no se ve prácticamente afectado.
Por si fuera poco, los movimientos de los personajes han sido capturados de un maestro de espada japonés, lo que resulta en un sistema de combate fluido y muy vistoso.
MÚSICA Y FX
Genji goza de una gran banda sonora eminentemente basada en música japonesa con acertados toques épicos. Sin embargo, es una pena que muchos de estos temas no se hacen notar y no se disfrutan tanto como se merecen.
Los efectos sonoros son igualmente de una alta calidad técnica aunque tampoco especialmente destacables. Cabe comentar que las voces no están disponibles en español, aunque lo están en japonés y en inglés, teniendo estas últimas un marcado acento japonés.
CONCLUSIÓN
Genji es un juego bastante entretenido aunque peca de poco original y simplista en cuanto al sistema de juego. Además, hay que tener en cuenta que es tan sumamente corto que se puede acabar en un solo día.
En cuanto al apartado técnico, el juego da mucho de sí, con unos grandes gráficos con fluidísimas animaciones, geniales vídeos y un apartado sonoro sobresaliente. Sin embargo, esto no es excusa para que el juego hubiera sido más largo y variado o, al menos, un poco más difícil.